Mientras el país se prepara para vivir el Mundial de Fútbol FIFA 2026, con estadios llenos, cámaras encendidas y una atención global sin precedentes, en cientos de barrios de México el fútbol se juega lejos de los reflectores, en canchas que espacios de juego seguro para niños y niñas, y funcionan como plataformas de cohesión social, prevención de violencias y organización comunitaria. Ahí es donde el fútbol deja de ser espectáculo para convertirse en una herramienta real de transformación social. Desde esa lógica, love. fútbol trabaja con comunidades para que este deporte funcione como una herramienta social y no solo como un momento de consumo deportivo, colaborando con comunidades de México y el mundo, para co-crear espacios deportivos seguros bajo la convicción de que una cancha solo tiene sentido cuando responde a una necesidad real y nace desde lo local, por lo que su enfoque se distancia de la filantropía tradicional y parte de una premisa clara que ordena todo el modelo: la cancha no es el punto de partida, sino la consecuencia de un proceso comunitario bien construido.
Esta metodología se ha puesto a prueba a escala global, pues love. fútbol tiene presencia en más de 95 comunidades de 23 países, donde el deporte funciona como un lenguaje común para que la comunidad se apropie positivamente de los espacios públicos. En ese mapa, México ocupa un lugar estratégico: es el segundo país con mayor número de proyectos de la organización, con 21 canchas instaladas hasta diciembre, lo que lo convierte en un laboratorio clave para demostrar cómo el fútbol puede operar como herramienta social en contextos urbanos complejos.“ El impacto social, económico y cultural no depende únicamente de la cancha que se construye, sino del proceso que la comunidad recorre para llegar a ella; cuando ese proceso es sólido, el espacio se usa, se cuida y se convierte en una plataforma que abre oportunidades y cambia trayectorias de vida a lo largo de generaciones”, explicó Kensa Gravois, Directora Global de Desarrollo de love. fútbol. El primer principio de este ABC es simple pero exigente: cada proyecto parte de un trabajo previo con la comunidad para identificar liderazgos activos, dinámicas de uso del espacio público
MARÍA HANNEMAN
En el contexto del Mundial, la conversación pública suele centrarse en la derrama económica, la infraestructura y la proyección internacional, pero el verdadero legado se juega a escala comunitaria, en la capacidad de transformar una coyuntura global en beneficios sostenibles para las comunidades, sobre todo para las niñas, los niños y las adolescencias que viven el fútbol todos los días.
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