Por Ayelén Sebastian - 3º ESO ESOESOAzimun
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Había una vez un pueblo llamado Pompeya. Allí vivían apenas 200 personas y una noche nacieron unos gemelos de una familia bastante pobre. Esa noche las estrellas brillaban más que nunca y la gente estaba más amable de lo habitual. Los padres llamaron al chico Addy (Adán) y a la chica Aalis (Alicia), los pequeños iban creciendo e iban conociendo a gente nueva, jugaban con los niños de su edad y ayudaban a quien lo necesitaba. Un día normal y corriente empezó a escucharse un ruido extraño por la ciudad, los niños se despertaron y se lo dijeron a sus padres, pero sus padres no les hicieron caso. Dos horas más tarde se escuchó un gran ruido y ya no aguantaron más y se fueron al bosque. En el bosque se perdieron y jamás supieron volver.
Como todos los días Addy se fue a pescar y Aalis se fue a por agua pero ese día no fue normal ya que Addy nunca volvió. Aalis estaba muy asustada y empezó a correr sin rumbo. Sin saber cómo, llego hasta donde estaban sus padres y les contó lo ocurrido. Los padres no daban crédito de lo que les estaba diciendo la pequeña y el padre cogió un cuchillo y salió por la puerta más rápido que un rayo. Pasaron los años y ninguno dio nunca más señales de vida. La madre murió a los 27 años por la peste y la joven se quedo sola en el destino. Todos sus días eran iguales: salía, hablaba con los mayores y se echaba en su cama. Raros eran los días que dormía ya que solo pensaba en su hermano y en sus padres.
Una noche de las que la joven no podía dormir decidió dar una vuelta, subió a un volcán y se quedo mirando las piedras que iban rodando hacía abajo y en una de las piedras ponía: "Nuestra alma siempre permanecerá unida". Aalis, echó la piedra en el volcán y se fue corriendo.