Anuario Northfield 2012 - N° 2 | Page 68

Familia LA MAL LLAMADA BRECHA DIGITAL L a, mal llamada, brecha digital Se denomina brecha digital a la diferencia que existe entre los usuarios/ consumidores de las nuevas tecnologías y aquellos que quedan relegados con respecto a estas. Tal vez poner el acento exclusivamente en lo digital sea una manera de disimular otras brechas vitales, alguien con mayor cinismo podría referirse a las brechas alimenticias o a las habitacionales o a las de bienes de consumo. Estas diferencias no nacen a partir de las tecnologías, son expresiones de la vida social que muestran sus desequilibrios también en la posibilidad de acceso a las producciones digitales. Entendemos, entonces, que la responsabilidad no es atribuible a la tecnología per se, sino a las políticas de distribución en general y a la de los bienes culturales en particular. En la era digital, hay más población desvinculada de los avances técnicos que conectados en red. Si bien las cifras de usuarios se incrementan geométricamente año tras año, son más los que aún no tienen acceso a la virtualidad que los que formamos parte de esta cofradía. Estas diferencias van marcando imposibilidades de inclusión a nivel laboral y determinan aislamientos culturales y sociales. Que el estado en estos días esté entregando una netbook a cada estudiante de escuela media, ayuda la inclusión; no es lo único pero es un paso importante. Acostumbrados a los discursos que presentan la globalización como la intercomunicación cultural, política y económica del planeta en pie de igualdad, ocultando las diferencias regionales y entre países, se sumaba a esta idea la noción de una tecnología esparcida que permitiría el arribo masivo a los bienes culturales. El discurso, muy teñido de un tono neoliberal, pronosticaba que el desarrollo tecnológico sería garante de una distribución más democrática y un uso masificado de las tecnologías. Son varios los factores que determinan estas condiciones, las tecnologías no son las responsables, estas se encuentran sujetas a políticas públicas y del mercado. Los sistemas escolares no han incorporado aún el avance de las TIC, salvo en situaciones excepcionales y coincidentes con sectores más acomodados de la sociedad. Por ahora, es poca la inserción que tienen las tecnologías en las escuelas. Por un lado, hay una falta de equipamiento que impide su desarrollo y, por otro, hay una falta de formación en el currículo docente que prevea su uso. La educación básica por su obligatoriedad es la que puede facilitar un ingreso más equitativo a los bienes culturales y desde esta perspectiva los tecnológicos ya forman parte de ese bagaje. Cuando pensamos en el uso, estamos proponiendo sujetos que no solo dominen las técnicas que les permitan ingresar en las computadoras, sino que puedan constituirse en activos protagonistas de las ofertas que allí se despliegan. Usuarios críticos, si cabe el término, que puedan navegar los diferentes espacios que ofrece la red. Se trata no solo de poder acercar las tecnologías, sino también de facilitar su apropiación, de este modo habría posibilidades de acercamiento reales a las producciones que ella cobija. Las nuevas tecnologías plantean varios desafíos entre los que se encuentra la inversión de un orden tradicional de la estructura escolar debido a que en estas lides, por diferencia generacional y exposición cultural, los alumnos manejan destrezas con mayor ductili Y]YH