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LA MAL LLAMADA BRECHA DIGITAL
L
a, mal llamada, brecha digital Se denomina brecha
digital a la diferencia que existe entre los usuarios/
consumidores de las nuevas tecnologías y aquellos que
quedan relegados con respecto a estas. Tal vez poner
el acento exclusivamente en lo digital sea una manera
de disimular otras brechas vitales, alguien con mayor
cinismo podría referirse a las brechas alimenticias o a
las habitacionales o a las de bienes de consumo. Estas
diferencias no nacen a partir de las tecnologías, son
expresiones de la vida social que muestran sus desequilibrios también en la posibilidad de acceso a las producciones digitales.
Entendemos, entonces, que la responsabilidad no es
atribuible a la tecnología per se, sino a las políticas de
distribución en general y a la de los bienes culturales en
particular.
En la era digital, hay más población desvinculada de los
avances técnicos que conectados en red.
Si bien las cifras de usuarios se incrementan geométricamente año tras año, son más los que aún no tienen
acceso a la virtualidad que los que formamos parte de
esta cofradía.
Estas diferencias van marcando imposibilidades de inclusión a nivel laboral y determinan aislamientos culturales y
sociales. Que el estado en estos días esté entregando una
netbook a cada estudiante de escuela media, ayuda la
inclusión; no es lo único pero es un paso importante.
Acostumbrados a los discursos que presentan la globalización como la intercomunicación cultural, política y
económica del planeta en pie de igualdad, ocultando las
diferencias regionales y entre países, se sumaba a esta
idea la noción de una tecnología esparcida que permitiría
el arribo masivo a los bienes culturales.
El discurso, muy teñido de un tono neoliberal, pronosticaba que el desarrollo tecnológico sería garante de una
distribución más democrática y un uso masificado de las
tecnologías.
Son varios los factores que determinan estas condiciones,
las tecnologías no son las responsables, estas se encuentran sujetas a políticas públicas y del mercado.
Los sistemas escolares no han incorporado aún el avance
de las TIC, salvo en situaciones excepcionales y coincidentes con sectores más acomodados de la sociedad. Por
ahora, es poca la inserción que tienen las tecnologías en
las escuelas. Por un lado, hay una falta de equipamiento
que impide su desarrollo y, por otro, hay una falta de
formación en el currículo docente que prevea su uso.
La educación básica por su obligatoriedad es la que puede
facilitar un ingreso más equitativo a los bienes culturales
y desde esta perspectiva los tecnológicos ya forman parte
de ese bagaje.
Cuando pensamos en el uso, estamos proponiendo sujetos
que no solo dominen las técnicas que les permitan ingresar en las computadoras, sino que puedan constituirse en
activos protagonistas de las ofertas que allí se despliegan. Usuarios críticos, si cabe el término, que puedan
navegar los diferentes espacios que ofrece la red. Se trata
no solo de poder acercar las tecnologías, sino también de
facilitar su apropiación, de este modo habría posibilidades de acercamiento reales a las producciones que ella
cobija.
Las nuevas tecnologías plantean varios desafíos entre
los que se encuentra la inversión de un orden tradicional
de la estructura escolar debido a que en estas lides, por
diferencia generacional y exposición cultural, los alumnos
manejan destrezas con mayor ductili Y]YH