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MARÍA ISABEL MORA LEDESMA
De trashumantes a sedentarios. Una perspectiva de la cultura pastoril
1. El territorio
La relevancia simbólica del desierto, es una lucha entre lo sedentario y lo
nómada; entre el espacio abierto y cerrado, lugar de pruebas y tentaciones,
como zona de castigo, como tierra de paraíso y libertad, y como sinónimo
de esterilidad y de secar, (secar como castigo, secar como esperanza, seco
como enfermedad, lo seco como fastidio y lo seco como golpe) lo que le da
un sentido y un significado distinto a la sequía que se manifiesta en distintas
conceptualizaciones en torno a las relaciones entre sequía, precipitación del
agua, el clima, la vegetación, los pastos, los animales y el agua, que se edifica
como el principal alivio y esperanza (Mancera, 2009: 57).
La vida en el desierto mexicano ha sido poco estudiada y los conocimientos
nos muestran apenas ciertas formas de vida de los grupos étnicos, sus
religiosidades y su economía sin definir la especificidad de sus condiciones
climáticas que determinan en gran parte las formas de organización social y
cultural de los habitantes de áreas rurales de estas zonas, donde la vida depende
fundamentalmente de las condiciones climatológicas.
Con escaza agricultura de temporal, las actividades se manifiestan en
sistemas de ganadería extensiva y trashumancia, así como de caza y recolección.
Actividades que han conformado la cultura rural de la región de estudio que
abordamos en este escrito: El altiplano potosino como parte de la vasta región
del Desierto Chihuahuense.
El desierto Chihuahuense se considera entre las 37 regiones del mundo
que cuentan aún con extensiones considerables de áreas silvestres poco
perturbadas; con una altitud que varía entre 1000 y 2000 msnm, a lo largo de su
eje norte-sur (debido a lo cual es notoria la influencia de las bajas temperaturas
comparadas con el desierto sonorense); la precipitación de verano es más
importante que la de invierno. Se ubica en la altiplanicie mexicana, entre las
Sierras Madre Oriental y Madre Occidental, y en México abarca los estados
de Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí y Nuevo León,
así como Nuevo México y Texas en los Estados Unidos de América. Es una
de las áreas silvestres de clima árido de más alta biodiversidad biológica en
el mundo por lo que es considerado como una de las ecorregiones desérticas
más importantes (Grünberger, et al., 2004).
La gran diversidad de este desierto ha generado formas de vida culturales
diversas que persisten hoy en día, lo cual contradice la idea errónea de que el
desierto carece de vida (Salas, Pérez-Taylor, 2004; Giménez y Héau, 2007).
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