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168 INDRA MORANDÍN AHUERMA l ARMANDO CONTRERAS HERNÁNDEZ El agua y la sustentabilidad, una visión desde la transdisciplina e históricas de los pueblos indígenas puede ayudar a reconocer que el agua, en sus tres estados, se encuentra en el planeta cubriendo un ciclo purificador, entra y sale del cuerpo de cada ser vivo, hidratándolo y depurándolo. Las visiones ecológica, ética y estética del agua, pueden ayudar a construir una cultura basada en el respeto a la madre naturaleza para un buen vivir colectivo. Dicha cultura del agua se construye con un diálogo de saberes que permita transitar hacia lo inédito. 1. El agua y la sustentabilidad Existe un debate entre científicos, activistas y actores sociales acerca de las limitaciones conceptuales del desarrollo sostenible (Léle, 1991; Murillo, 2004; Robinson, 2004; Rull, 2010) y se transita por señalamientos de las inadaptaciones al sistema, formas de incomodar el estatus quo y el poder, hasta complejidades filosóficas, éticas y a la falta de alternativas. Incluso se critica el uso indistinto de los términos sustentabilidad, desarrollo sostenible o sustentable que se utilizan comúnmente en Naciones Unidas y en los discursos en la política pública nacional. En este artículo consideraremos que la sustentabilidad es la construcción cultural que, a partir de la ética de la vida, integra conocimientos de diversas índoles y los avances científicos que permiten una mejor comprensión de la naturaleza, para la adaptación social, política y económica. La idea es encontrar lineamientos para ayudar a la colectividad a afrontar cada problema específico, producto del devenir histórico, delimitado en espacios territoriales, con sus diferencias -objetivas y subjetivas- como sucede en los sistemas vivos, ya que consideramos que no existe un modelo único que ofrezca soluciones a todos los problemas. En el presente documento se construye un análisis teórico que involucra las propuestas indígenas, varias disciplinas científicas y otros saberes que pueden constituir una visión más amplia para abordar el tema del agua, que es de orden global, pero debe atenderse de forma particular y local. A pesar de las advertencias dadas en el siglo XX sobre la naturaleza y la sociedad humana la situación se agravó, como lo pronosticaron Georgescu- Roegen (1971), el Club de Roma (Meadows, et al., 1972), Schumacher (1973) y hasta el propio informe Brundtland (1987). Prueba de ello son los volúmenes de desechos sólidos, la mala calidad del aire en las ciudades y los componentes del cambio global que indica la evaluación del milenio: 1) alteración de los