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INDRA MORANDÍN AHUERMA
l
ARMANDO CONTRERAS HERNÁNDEZ
El agua y la sustentabilidad, una visión desde la transdisciplina
e históricas de los pueblos indígenas puede ayudar a reconocer que el agua,
en sus tres estados, se encuentra en el planeta cubriendo un ciclo purificador,
entra y sale del cuerpo de cada ser vivo, hidratándolo y depurándolo. Las
visiones ecológica, ética y estética del agua, pueden ayudar a construir una
cultura basada en el respeto a la madre naturaleza para un buen vivir colectivo.
Dicha cultura del agua se construye con un diálogo de saberes que permita
transitar hacia lo inédito.
1. El agua y la sustentabilidad
Existe un debate entre científicos, activistas y actores sociales acerca de las
limitaciones conceptuales del desarrollo sostenible (Léle, 1991; Murillo,
2004; Robinson, 2004; Rull, 2010) y se transita por señalamientos de las
inadaptaciones al sistema, formas de incomodar el estatus quo y el poder,
hasta complejidades filosóficas, éticas y a la falta de alternativas. Incluso se
critica el uso indistinto de los términos sustentabilidad, desarrollo sostenible
o sustentable que se utilizan comúnmente en Naciones Unidas y en los
discursos en la política pública nacional. En este artículo consideraremos
que la sustentabilidad es la construcción cultural que, a partir de la ética de la
vida, integra conocimientos de diversas índoles y los avances científicos que
permiten una mejor comprensión de la naturaleza, para la adaptación social,
política y económica.
La idea es encontrar lineamientos para ayudar a la colectividad a afrontar
cada problema específico, producto del devenir histórico, delimitado en
espacios territoriales, con sus diferencias -objetivas y subjetivas- como sucede
en los sistemas vivos, ya que consideramos que no existe un modelo único
que ofrezca soluciones a todos los problemas. En el presente documento se
construye un análisis teórico que involucra las propuestas indígenas, varias
disciplinas científicas y otros saberes que pueden constituir una visión más
amplia para abordar el tema del agua, que es de orden global, pero debe
atenderse de forma particular y local.
A pesar de las advertencias dadas en el siglo XX sobre la naturaleza y la
sociedad humana la situación se agravó, como lo pronosticaron Georgescu-
Roegen (1971), el Club de Roma (Meadows, et al., 1972), Schumacher (1973)
y hasta el propio informe Brundtland (1987). Prueba de ello son los volúmenes
de desechos sólidos, la mala calidad del aire en las ciudades y los componentes
del cambio global que indica la evaluación del milenio: 1) alteración de los