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JOSÉ ÁLVARO HERNÁNDEZ FLORES
Capital cultural y estrategias reproductivas en grupos domésticos periurbanos
en el corto plazo los cambios que se han dado en los grupos domésticos esta
localidad, en términos de la importancia que actualmente otorgan a la educación
formal como parte de sus estrategias de reproducción. Sin embargo, a partir de
los testimonios de los jefes de familia de San Diego Cuachayotla es posible
constatar cómo a diferencia de sus grupos domésticos de origen, la mayor parte
de los grupos actuales apuestan e invierten en el campo escolar, sobre todo en
actividades capaces de incrementar el capital cultural encarnado socialmente
en estado institucionalizado, es decir, bajo la forma de títulos o acreditaciones.
De esta manera, la escuela, ha comenzado a figurar paulatinamente como
un elemento imprescindible en las estrategias familiares. En este sentido, es
notable la forma en que algunos grupos domésticos de San Diego Cuachayotla
han comenzado a invertir y utilizar de forma diferenciada sus conocimientos
(capital cultural incorporado), sus posiciones y relaciones (capital social),
pero sobre todo, sus recursos materiales (capital económico), en función de
la adquisición de capital escolar de algunos de sus integrantes:
El año que pasó, mi hija se graduó de la secundaria y ahora quiere estudiar
una carrera corta o una profesión de trabajo y yo la apoyo para que le
eche ganas (…) ellos tienen todo el apoyo de mí en la escuela, en útiles,
uniformes, en las juntas, y ahí vamos, entonces, pues les digo que le echen
ganas (Almonte, 2011).
Este tipo de estrategia supone la instrumentación de una serie de prácticas y
representaciones asociadas: por un lado, el compromiso de los hijos de estudiar
y en la medida de sus posibilidades contribuir con las labores domésticas o
productivas; y por otro lado, el compromiso de los padres de satisfacer las
exigencias de una empresa de adquisición prolongada, como la que implica
toda trayectoria escolar (pagar colegiaturas, comprar libros, contribuir con las
cooperaciones escolares) y de proporcionar el mayor tiempo posible para la
adquisición de capital escolar, lo que implica liberarlos de las obligaciones
laborales que tradicionalmente desempeñan los niños y jóvenes en esa localidad:
Los niños no me ayudan, ellos quieren ayudarme, quieren aprender, me dicen:
papi llévame al horno. No, le digo, mejor apúrate a hacer la tarea, no quiero
que vayas. Ellos están ganosos e inquietos de saber el trabajo, pero pues
ahora son unos niños y no tendrían la noción de agarrar un trabajo así pesado.
Mejor que ayuden a su mami que los ponga a barrer aquí la casa o juntar la
basura, no sé, y a mi hija por ser mujer también, le digo quédate con tu mama
a ayudarle a la comida ayúdale con la ropa y yo me voy (Almonte, 2011).
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