AMER Mexico Rural Tomo I AMER Mexico Rural Tomo I | Page 187
SONIA COMBONI SALINAS
l
JOSÉ MANUEL JUÁREZ NÚÑEZ
La interculturalidad y el diálogo de saberes
presencia, lo cual facilita u obstaculiza el diálogo dependiendo de la lengua
hablada como vehículo de expresión de su mundo de vida y de la capacidad
receptora de cada uno. Por ello, en un ejercicio de metalenguaje lo primero
que se indaga es ¿de dónde eres? o ¿de dónde vienes? en la búsqueda de un
punto común.
El diálogo de saberes no se da en la armonía y el consenso, siempre
es complicado, a veces arduo, difícil, dado la relación de diglosia de las
culturas dominantes y las subordinadas. En este proceso de minorización y de
asimilación de la dominación como un “así es”, la naturalización de sus formas
y procesos, en el cual no solo se minoriza la diferencia y al diferente, sino
todo lo que implica su ser, sea este indígena, obrero, campesino o empleado;
se minorizan y desconocen o reducen sus formas de vida, de expresión de
representaciones del mundo sus conocimientos y saberes, como lo menciona
Michel Foucault, los “saberes sujetos” (Foucault, 1976), aquellos saberes
que han sido descalificados en aras de lo “occidental” o de la modernidad
(Foucault, 1976: 18).
Para contrarrestar este tipo de actitudes se propone hacer entrar en juego
saberes locales, aun cuando son considerados como discontinuos, descalificados,
no legitimados, contra la instancia teórica unitaria que pretendería filtrarlos,
jerarquizarlos en nombre de un conocimiento verdadero y de los derechos de
una ciencia que sería poseída por alguien. Es una tentativa de liberar de la
sujeción a los saberes históricos, es decir, hacerlos capaces de oposición y de
lucha contra la coerción de un discurso teórico, unitario, formal y científico,
así como a sus efectos intrínsecos de poder.
Lo anterior representa también una oportunidad para inter-culturalizar el
concepto de la ciudadanía, mediante la construcción de nuevas políticas de
conocimiento, en donde lo más importante es:
construir conocimiento situado, con atención a la diversidad de formas de
pensar, sentir y actuar, con atención a la diferencia cultural ejercida y a esa
nueva vida pública que se comienza a construir cuando la lengua y la cultura
rompen las barreras del derecho individual y se ejercen emancipatoriamente
desde una visión colectiva del derecho (López, 2009: 204).
Por lo que podemos decir que la interculturalidad en el campo de la
educación debe construirse desde y por los pueblos mismos en lo local, desde
las perspectivas simbólicas y cognitivas de los propios pueblos, desde sus
mundos de vida y cosmogonías. “La interculturalidad en la educación entonces
significará hacerse cargo de la pluralidad cultural y lingüística del país con
33