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SONIA COMBONI SALINAS
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JOSÉ MANUEL JUÁREZ NÚÑEZ
La interculturalidad y el diálogo de saberes
El arraigo se caracteriza por la duración de la experiencia de estar y al
expresarse echando raíces en un espacio apropiado, generando pertenencia. El
apego, que expresa una dimensión más afectiva, se asimila a la vinculación,
a la interacción, así como al reconocimiento de mitos, discursos, valores
comunes y es por tanto una forma de reproducción de la identidad. En la
realidad, como en el territorio:
Se articula y combina en un mismo individuo con una multiplicidad de
pertenencias de carácter no territorial, como las que se relacionan con la
identidad religiosa, política, ocupacional, generacional […], el apego territorial
asume un valor simbólico expresivo y una carga emocional directamente y
por sí mismo, sin pasar por la mediación de la pertenencia a una comunidad
local (Giménez, 2000:33).
En tanto, la región:
…suele reservarse para designar unidades territoriales que constituyen
subconjuntos dentro del ámbito de un Estado-nación. Se trata de una subdivisión
intranacional que corresponde a una escala intermedia entre la del Estado y la
de las microsociedades municipales llamadas “matrias” (Giménez, 2000: 33).
La matria evoca:
... ese pequeño mundo que nos nutre, nos envuelve y nos cuida de los
exabruptos patrióticos del orbe minúsculo que en alguna forma recuerda el
seno de la madre cuyo amparo, se prolonga después del nacimiento […Cada
una de estas] minisociedades se puede abarcar de una sola mirada y recorrer
a pie, de punta a punta, en un solo día; los nichos ecológicos de una matria,
pueden ser un valle estrecho, una meseta compartida, parte de una llanura,
parte de un litoral marítimo. Se trata de sociedades de inter-conocimiento,
con débil estratificación social (Giménez, 2000: 33).
Es en estas mini-sociedades donde se construyen los mundos de vida y
el sentido de lo propio frente o versus lo ajeno, lo otro, el de fuera. Siendo
ésta la importancia referencial del concepto de interculturalidad donde se
construye la experiencia propia desde la relación con el otro y es vista como
“la construcción de nuevas identidades a través de la confrontación cultural,
un proceso de convivencia humana, basado en el respeto y en la valoración
del bagaje ético-social de varias culturas”. (Millán y Nieto, 2006: 25).
Por tanto, el concepto de lo intercultural es trascendental para comprender
cómo desde el territorio se va construyendo una cultura, una forma de visión
del mundo, un mundo de vida, compartido, en donde el “yo” comprende al