ISBN 0124-0854
N º 121 Mayo de 2006
Literatura y dramaturgia
Por Gilberto Martínez Arango
A partir de una época particular, y a pesar de estudios arqueológicos en busca de vestigios primigenios, primordialmente rituales, la historia del teatro de Occidente se ha entendido como la historia del teatro que se dio en la Atenas de Pericles. Esto que aparentemente puede ser una verdad de a puño en determinados círculos intelectuales, en el mundo práctico del teatro ha sufrido variaciones, en la medida en que se ha penetrado en ese mundo primigenio y ritual de los orígenes del arte escénico.
La forma dramática representativa fue el producto del proceso evolutivo de la narración y de la forma de trasladarla a una audiencia en un momento evidentemente anterior al de la letra impresa. La literatura era concebida para la voz y el cuerpo que la fisicalizaban; de ahí que el dramaturgo representara, en una gradación que se iniciaba con el poeta báquico, pasaba por el lírico, para llegar al rapsoda épico, cúspide de la escala literaria. El cuerpo y la palabra eran uno.
El poeta antiguo se comunicaba directamente con la audiencia, la cual participaba del conocimiento y del impacto social de lo narrado.( El escritor actual aspira a la sospecha remota de una lectura del texto escrito— o del texto emitido— que tiene características de alienación, ya que su valor intrínseco, para la mayoría, se mide por las ventas).