ISBN 0124-0854
N º 118 Febrero de 2006 siglos más tarde en la emblemática biblioteca de Alejandría o como, ya en pleno racionalismo, se pudo ver en la biblioteca alemana de Wolffebüttel, a cuya clasificación el filósofo Leibniz pretendió trasponer su sistema de organización del conocimiento, que a su vez reflejaba su forma de concebir el mundo.
Así pues, mi punto de partida a la hora de hablar sobre las bibliotecas, es que en el fondo de toda biblioteca, pública o de investigación, grande o pequeña, personal o académica, subyace siempre una concepción del mundo. De la forma en que concibamos nuestra manera de estar en el mundo, dependerá la forma en que concibamos nuestras bibliotecas. Organizar el conocimiento para hacerlo llegar a los usuarios de forma ágil y eficaz, difundir la información poniéndola al servicio de la ciudadanía como un instrumento liberador de acceso a la cultura, ser caja de resonancia de las demandas sociales, son objetivos que sólo serán alcanzados con éxito si nuestra biblioteca está concebida desde una perspectiva universal y con amplitud de miras.
Cuando Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, mandó construir la ciudad de Alejandría como modelo de sus ideales políticos, buscó la cuadratura del círculo: conciliar en ella los nítidos conceptos de la lógica aristotélica con la sensualidad de la sabiduría oriental. Para ello era preciso reunir la memoria de los pueblos y los testimonios de los desarrollos de la ciencia, es decir, todo
el saber acumulado, el saber universal contenido en una biblioteca, que sería el instrumento catalizador y armonizador del calidoscopio de culturas que atravesaban Alejandría. Ese crisol de culturas que fue Alejandría, representada fundamentalmente por su biblioteca, marcó una impronta de deseo que subyace a toda biblioteca, maravillosamente expresado en el lenguaje de la literatura por el escritor Jorge Luis Borges en“ La biblioteca de Babel”: contener todos los libros escritos y por escribir organizados en una clasificación infinitamente abarcable de todo el saber. Poseer el elixir de la sabiduría representado en una biblioteca, es el deseo nunca alcanzado pero permanentemente perseguido por la humanidad para responder al reto de un futuro aún por escribir.
En sus primeras experiencias en la biblioteca de su abuelo, el filósofo Jean-Paul Sartre, siendo aún un niño y por tanto un incipiente lector, descubrió que la biblioteca se le apareció como el mundo entero reflejado en un espejo.
La biblioteca abarcaba para él las infinitas tonalidades de una realidad fácil de alcanzar pero difícil de comprender, porque los libros le iban permitiendo construir el mundo, su mundo. Así pues, la biblioteca refleja una concepción del mundo y, al mismo tiempo, permite crear nuevas concepciones del mundo, porque la biblioteca siempre es, igual que Alejandría, imaginación y creación.