ISBN 0124-0854
N º 104 Octubre 2004 en los EE. UU. no forman bloques impermeables ni agresivos. Se adaptan rápidamente al inglés y conservan, a veces, el castellano, enriqueciendo el aceptado carácter rnultiétnico y multicultural de los EE. UU. En todo caso, el monolingüismo es una enfermedad curable. Muchísimos latinoamericanos hablamos inglés sin temor de contagio. Huntington presenta a los EE. UU. como un gigante tembloroso ante el embate del español. Es la táctica del miedo al otro, tan favorecida por las mentalidades fascistas. No: el mexicano y el hispano en general contribuyen a la riqueza de los EE. UU., dan más de lo que reciben, desean integrarse a la nación norteamericana, atenúan el aislacionismo cultural que a tantos desastres internacionales conduce a los gobiernos de Washington, proponen una diversificación política a la que han contribuido y contribuyen afroamericanos, los " nativos " indígenas, irlandeses y polacos, rusos e italianos, suecos y alemanes, árabes y judíos.
El peligro mexicano
Huntington pone al día un añejo racismo antimexicano que conocí sobradamente de niño, estudiando en la capital norteamericana. The Va / urne Library, una enciclopedia en un solo tomo publicada en 1928 en Nueva York, decía textualmente: " Una de las razones de la pobreza en México es la predominancia de una raza inferior ". " No se admiten perros o mexicanos ", proclamaban en sus fachadas
numerosos restoranes de Texas en los años treinta. Hoy, el elector latino es seducido en español champurrado por muchos candidatos, entre ellos Gore y 8ush en la pasada elección. Es una táctica electorera [ como la proposición migratoria de 8ush hace unas semanas ]. Pero para nosotros, mexicanos, españoles e hispanoamericanos, la lengua es factor de orgullo y de unidad, es cierto: la hablamos quinientos millones de hombres y mujeres en todo el mundo. Pero no es factor de miedo o amenaza. Si Huntington teme una balcanización hispánica de los EE. UU. y culpa a Latinoamérica de escasas aptitudes para el gobierno democrático y el desarrollo económico, nosotros hemos convivido sin separatismos nacionalistas desde el alba de la Independencia. Acaso nos une lo que Huntington cree que desune: la multiculturalidad de la lengua castellana. Los hispanoamericanos somos, al mismo tiempo que hispanoparlantes, indoeuropeos y afroamericanos. Y descendemos de una nación, España, incomprensible sin su multiplicidad racial y lingüística celtíbera, griega, fenicia, romana, árabe, judía y goda. Hablamos una lengua de raíz celtíbera y en seguida latina, enriquecida por una gran porción de palabras árabes y fijada por los judíos del siglo XIII en la corte de Alfonso el Sabio. Con todo ello ganamos, no perdimos. El que pierde es Huntington, aislado en su parcela imaginaria de pureza racista angloparlante, blanca y protestante-aunque su generosidad la extienda, graciosamente, al