ISBN 0124-0854
N º 91 Agosto 2003
Originariamente esta división no existía. El muñeco era un transeúnte que se presen ~ aba en ~ odas partes. Despues se uso como instrumento pedagógico. Los títeres quedaron maltrechos. Repitieron millones de veces las vocales, los números, las tablas de multiplicar, las canciones más sonadas. Algunos siguen repitiéndolos, pero además están los que participan en el juego, gratuitamente, como los niños. Se da una relación real. El muñeco no es una encarnación: es él en palo y trapo, viviendo una realidad que se sitúa en la dimensión del juego. La más primaria necesidad simbólica de Imaginar. En esa búsqueda de la esencia del muñeco en sí. se han ido creando unos grupos y han ido desapareciendo otros. Para los titiriteros sigue siendo difícil sobrevivir, pero los muñecos están ahí. En una sombra desplazándose por la pared, en una mano vestida de dragón. Están esperando a que se les otorgue vida, pues ellos son, finalmente, los que van a contar su historia.
Notas:( 1) Marjori. e Batchelder y Virginia Lee Commer, Puppets and plays, Londres, Faber and Faber, 1959.( 2) Fernando González Cajiao, Noticia sobre 105 títeres y las marionetas en Colombia. Encuentro Colombo- Francés de Títeres, 21-26 de septiembre de 1985, Bogotá, Javier Hoyos Angulo Impresores, 1985.( 3) Cecilia Muñoz, entrevista Bogotá, marzo de 1987.( 4) [ airo Aníbal Niño, entrevista, Bogotá, febrero de 1987.( 5) Gabriel Uribe, entrevista, Cali, noviembre de 1986. Editado de la versión original, publicada por el Banco de la República. Volumen XXIV- 1987.
" El crítico de cine es, más que otra cosa,
un espectador intensivo ", escribió Luis Alberto Álvarez en el comienzo de la presentación de su libro Páginas de cine de la Universidad de Antioquia en 1988. Con ello hacía, claro está, una autodefinición. La sencillez, la modestia y la claridad de que siempre hizo gala el sacerdote, el crítico, el amigo, el intelectual y el ser humano que fue, las define y las resume el sentido de la palabra intensidad que él albergaba. Todo lo que hizo en su vida: profesar con acendramiento una religión; cultivar el gusto por el arte con un alto criterio estético; enseñar no sólo en los aspectos que conocía con profundidad, sino también en el discurrir de la vida diaria y el divertimento; llevar adelante, siempre, un sentido de la amistad y del servicio sin el más mínimo egoísmo; avanzar con pausa, con discernimiento y con talento en la colección de piezas de cine, de arte, de literatura y de música; y escribir con permanencia, con soltura y con argumentos acerca de uno de sus mayores desvelos: el cine, todo lo que Luis Alberto Álvarez hizo en su vida, lo hizo con la intensidad de quien se sabe dueño de unos atributos, y empeña su existencia en ellos. Por eso carecía de la soberbia, del egoísmo y del engreimiento propios de los intelectuales del común. Quizás su profunda religiosidad, sin fanatismo ni exhibicionismo, le marcó una personalidad singular en tal sentido. Conmemorar un aniversario más de su muerte es lamentar de nuevo su prematura