Agenda Cultural UdeA - Año 2001 OCTUBRE | Página 23

ISBN 0124-0854
N º 72 Octubre de 2001 progresar la industria del alpargate”.
Ya ven los lectores a donde nos llevarían los de la Juventud Católica si describiésemos a ese hermoso fruto de la serranía despojado de su corteza y de cara al sol naciente, o, mejor dicho, de cara a las estrellas, y nosotros, según D ' Anunzio,“ Chini sopra di lei come per bere d’ un calice”. Y, además, somos filósofos castos. Continuemos, pues, nuestro viaje de modo que este libro pueda caer en manos de pálida virgen. Es nuestro deseo, además, que sirva de sermonario de los curas de esta tierra de santos y santas palúdicos.
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Trepamos sobre el lomo andino. Allá abajo, en ese vallecito del Aburrá enmarcado por altas cordilleras, hemos vivido treinta y cuatro años, perseguidos por el diablo, ese anciano que aún conserva la cola de nuestros antepasados los monos, recibiendo ideas generales a precios carísimos de manos del Negro Cano, el librero. ¡ Qué juventud! Allá, en la altura, reímos alegremente...
A la derecha estaba la antena del inalámbrico. La torre se eleva, huyendo de la limitación de las montañas, buscando el ámbito universal. ¡ Qué esfuerzo para levantarse de esta tierra! Esa torre fue para nosotros la representación de lo que los romanos llamaban humánitas.
Un romano tenía humánitas cuando se había hecho universal; cuando era un ciudadano del universo. Un Nerón elevó su corazón y su mente por encima de todo prejuicio humano; llegó al supremo egoísmo; todo lo relacionaba con su propio ser, y así, se hizo dios. Un Mohandas Ghandi elevó su corazón y su mente a la inmensa atura donde sólo existe amor. Este, por otro método, se hizo también dios, o sea, hombre. Ambos tenían humánitas.
En esa mañana olorosa a
cespedón se levantaba por
encima de las colinas que la
circuían,
buscando
la
liberación del límite, de las
fronteras,
buscando
el
espacio,
res
communis
omnibus,
haciéndose
humana
la
antena
de
Marconi.