ISBN 0124-0854
N º 51 Noviembre de 1999 sitiales de poder- ¿ económico, político, ideológico?-, para que descubran la manera como los narradores literarios, muchos de ellos menores de quinces años de escritura, han asumido la dimensión erótica en sus obras. Es necesario ver la manera como exploran el erotismo, lo muestran sin temores, lo expurgan, lo desvisten, lo exhiben, lo velan, lo transforman, lo recrean, lo subliman, lo deshacen, lo ironizan, lo destruyen, lo niegan, lo adornan, lo ignoran, lo censuran, lo des penalizan o se burlan de él.
Muchos de esos cuentos no entran en la tradición literaria clásica; aún más, olvidados o ignorantes de lo que podríamos llamar las letras clásicas nacionales, y hasta del tratamiento o presentación del tema del erotismo en la narrativa y en la poesía colombiana de años más remotos, se han dedicado a explorar esta dimensión del cuerpo en sus primeros ejercicios narrativas publicados en las últimas décadas. Y lo vienen haciendo sin importarles los cánones literarios, morales, políticos o ideológicos; sin importarles las normas de comportamiento sexual. ¿ Acaso hay, entonces, una rebelión, una nueva mirada, un nuevo lenguaje? ¿ Han llegado nuevos valores y, por tanto, nuevos cánones relacionados con el erotismo y con el amor? ¿ Se trata de nuevos cánones literarios también? Dice Luz Mary Giraldo en el prólogo a su antología Nuevo cuento colombiano 1975-1995:
Los autores más jóvenes oscilan entre la continuación de lineamientos afines a la generación anterior y otras alternativas: algunos
parecen buscar en las cenizas o en la decadencia de la cultura moderna y manifiestan el desamparo y el desasosiego de unos ideales perdidos, exploran en la fábula, en el vacío, en la perversión, en el erotismo, en la frivolidad y lo pasatista, en modalidades del background, en las indagaciones policiacas, en la literatura como juego pensado, inteligente y exacto... y en la caricatura que, parodiando cultura, sociedad e historia, hace de lo narrado un espacio de divertimento.
Y son el erotismo, la perversión y la frivolidad, a los que hay que agregar los conflictos sociales y económicos, la delincuencia y la subversión, así como los fenómenos que se derivan de éstos, temas que exploran con mayor interés y frecuencia gran número de los escritores más recientes en edad y en publicaciones. Al lector corresponde la decisión de leer obras en las que la presencia del erotismo y del amor sean fundamentales. La lista que ofrezco sirve para indagar el mundo de las sensaciones eróticas, de los deseos, de las pulsiones, de los temores, de los tabúes, de los mitos, de las fantasías, de los miedos, de las transformaciones del cuerpo, de los desamores, de las sublimaciones y de los castigos, de las penas, de los sufrimientos y de los crímenes que se relacionan siempre con estos peligrosos juegos, en la ambigua moral de la cultura en esta Colombia de fin de siglo. Entre los más antiguos, sugiero leer a Elisa Mújica 0918): Ángela y el diablo( 1953), Árbol de ruedas( 1972) y La tienda de imágenes( 1987); Pedro Gómez Valderrama( 1923-1992): Cuentos completos( 1996); Álvaro Cepeda Samudio( 1926-1972): Los cuentos de Juana( 1996); Gabriel García Márquez( 1927): Todos los cuentos( 1977)