A escondidas A escondidas tengo que amarte | Page 7

Él venía en su tabla, al verla sonrió, la saludó con un besito en la mejilla ante el cual ella se sonrojo, hablaron muy poco, iban a donde se saldaría la deuda que tenían. Las residencias de Kennedy central parecían el lugar apropiado para tener un momento íntimo, ese lugar a donde van los amantes, los que no son nada y solo llevan las ganas.