65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 470

Si la enfermedad no cedía todavía , entonces el enfermo estaba gravísimo .
Era la última década del siglo XIX .
La ciudad del río grande y del estero , veía llegar en los barcos , nuevas epidemias acompañadas de nuevas farmacopeas .
Para ese entonces ya existían las primeras boticas , donde preparaban los medicamentos , según la prescripción de los médicos .
Recordaba que , en la plaza de San Francisco , se estacionaban las carrozas , que ofrecían el servicio de taxis .
En estas carretas de a caballo , se mandaba a ver al médico .
¡ Decía que mientras la letra del médico era más inentendible , mejor debía ser el remedio y el médico una eminencia …!
En su silla de coser recordaba los tiempos en que aprendía guitarra con un profesor en casa , que además le enseñó las letras y las cuatro operaciones .
Para la época la educación de la mujer se complementaba con clases de bordado . Decía que escuchar compasivamente y hablar con afecto puede aliviar el sufrimiento no solo del enfermo , sino también alivia a quien habla ... Si no fuéramos capaces de transformar el dolor que hay dentro de nosotros , no podríamos ser felices .
464