65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 466

Es febrero y el aire trae gotitas que inquietan a los pintores . A lo lejos un arcoíris , duerme meciéndose entre las nubes . Si se desata el aguacero , se acabará el trabajo y habrá que recoger rápido los caballetes y los cartones .
En la baranda del río , dos novios ensayan un vendaval de besos , que se les habían quedado dormido entre sus brazos ...
De su cajita de tizas saca un estilete para raspar el polvo naranja que servirá de base al rostro .
Para utilizar lo más que pueda los lápices que se van acortando de tanto uso , los amarra a un canuto para ahorrar un poco .
La tarde está iluminada y piensa que debe haber algo que no es la luz , sino que es la causa de la luz .
Observa la quietud de los árboles y piensa que debe haber algo que no es la paz sino la causa de la paz … y así en esta charla sencilla se nos va pasando el tiempo .
En el caballete exhibe algunos carboncillos , que revelan el buen manejo del claroscuro . Del buen manejo de las luces y las sombras se crea la ilusión de la profundidad en una cartulina de dos dimensiones .
Ello caracterizó la novedad de los artistas del Renacimiento . Se queda hasta las seis y media , hasta cuando , los mosquitos le permitan pintar . La gente pasa y lo mira . La tarde también pasa y lo mira . Más allá el río sigue pasando buscando encontrarse con el mar …
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