Cuántas horas estaría parada caminando en este día , con tan pocos transeúntes para vender manichos ( barra de chocolate con maní ) y galletas .
Acurrucada con su charol , percibía que pocas cosas bajo el cielo , son tan instructivas como el silencio …
Era tal su quietud que parecía que el tiempo no pasaba . Tal vez la eternidad no tiene nada que ver con el tiempo …
Quizás sea justamente el tiempo lo que nos desconecta de la eternidad … quién sabe . Hacia el horizonte , el río era una sábana plateada por la luna .
Quizás el agua sea una forma suprema de bondad , porque puede beneficiar a tantos sin enfrentarse a ninguno , quizás .
Arriba en el comienzo de la escalera estaba su esposo con otro charol y un poco más allá un pequeño hijo con otro charol .
Pero ella estaba tan cansada , con el agotamiento de una mujer joven todavía . Y no pasaba ningún comprador . El tiempo pasó . Algunos turistas tomaban algunas fotos del barrio , como reminiscencias de un Guayaquil que se fue .
Casi sin hacer ningún ruido , subió al encuentro de su pequeño con los ojos iluminados de cariño .
Entonces descubrió que el amor siempre está en el presente y nunca en el pasado ni en el futuro …
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