Remar siempre es una aventura .
La aventura es siempre y en todas partes , pasar de lo conocido a lo desconocido . Tal vez una de las grandes proezas del espíritu humano , sea comprender la maravilla de la unidad en la multiplicidad de las cosas .
Se puede percibir el mismo aliento de vida que fluye en el barco en alta mar y el caballo en la montaña . Todo es la manifestación múltiple de la unidad de la vida universal . Detrás de las ramas se adivinan los reflejos del estero como una promesa de luminosa felicidad , avivada por los rayos del sol de la tarde . Todo se presenta como un hermoso milagro de belleza y paz .
De alguna manera lo que la realidad fenoménica revela , es algo de nuestra conciencia , que se muestra a sí mismo , como una percepción interna de la belleza que dormía en nosotros y que se desvela en virtud de la observación de la belleza externa .
Si alzamos la vista hacia las copas de los árboles , los fulgores del sol , se mueven al ritmo de las ramas , en un espectáculo singular .
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