65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 400

Con algunos amigos buscaron un patio donde ensayar bajo un árbol .
Entonces guardando las distancias , se sacaban la mascarilla y cantaban a sus anchas . Cuando los ensayos eran en alguna casa todos tenían mascarillas y las voces no salían igual . Ensayaban sin esperanza de conciertos .
Todos pensaban que habían nacido para cantar el canto de la vida . Era una forma de luchar psicológicamente y no dejarse vencer por la pandemia . Qué otra cosa vamos a hacer , decía .
En la calle los árboles florecían trayendo el recuerdo de otros tiempos felices .
Era el tiempo de las ciruelas en Guayaquil .
Estaban rojas y dulces . Por las fruterías se vendían los primeros mangos de estación , que usualmente florecen en diciembre .
Ahora no podían cantar .
Caminando por las calles pobres de su pobre barrio , después de un ensayo , miraba a los cielos y pensaba “ Qué le importa a la noche si pierde una estrella , si el mar sigue cantando cuando pierde una ola …”
En los días de noviembre , los guayacanes y las acacias abren sus flores como un manantial amarillo .
El interminable amarillo de la calle ; le traía recuerdos de su ciudad Colimes coloreada por los grandes guayaca-
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