65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 348

El reloj despertador redondo marcaba las cuatro . Entonces empezaba el ordeño en el corral de las vacas , con un ternero amarrado a su cuerpo y tomar directamente la leche caliente de las ubres . El desayuno se completa con un jarro de café tinto y verde revuelto en cuajada casera .
En los cielos la luna parece una tortuga dormida que se mueve lentamente .
Desde la casa cercana se percibía el vaho del guarapo recién preparado , que giraba con la brisa de la madrugada , mientras desde la iglesia del pueblo se llamaba al toque de oración .
Los olores del pan de horno a leña embriagaban el aire . A esa hora el pueblo tenía un umbral de perfumes de la vida que empezaba .
Caminaba con el machete , la hoz y el garabato . El garabato era una vara de madera curva que se usa para escoger un atado de hierba y cortarla con la hoz .
Los caminos del campo están llenos de vida . En la serenidad de la madrugada alguna que otra luciérnaga iluminaba las hierbas dormidas .
Por el río pasaban , en desigual carrera , las aguas , los vientos y el tiempo . Por un túnel de silencio va llegando la aurora . El aguacero se desencadenó en tormentas de grandes vientos que doblaban las palmeras , que luego se enderezaban . Para él eso eran ejemplo para la vida . Sabía que tenía que ser flexible para no quebrarse ante las circunstancias .
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