65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 333

En tiempos de los faroles
Cuando Guayaquil se iluminaba con farolitos que tenían mechitas de algodón alimentado con aceite de ballena , en las noches , todo parecía de cuento .
Si algún farol lo apagaba el viento , o algún galán enamorado , era el momento de los besos furtivos y nada más … ¡ La buena moral no permitía otras cosas a las damas decentes … imposible ! Desde lejos el aire traía la copla enamorada , que había cruzado los mares desde España …. “ Si yo fuera farolero , quisiera que fueras farola , para que alumbres mi vida en estas noches tan solas …” Y alguna que otra carreta pasaba por la calle de la orilla , con un farol de carreta .
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