65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 252

En tiempos de la independencia las fiestas no solo eran reuniones galantes , sino que eran ocasión propicia para intercambiar opiniones sobre el acontecer de las naciones . Igual había acontecido en Guayaquil en la célebre Fragua de Vulcano , el 1 de octubre de 1820 . Entre danzas y contradanzas , la reunión transcurría , al calor de los mejores vinos de Jerez , recién desembarcados por el puerto del Callao , venidos de España .
Desde su arribo a Lima , José de San Martín , convocó a los ciudadanos a adherirse firmando el acta de emancipación . Fueron las mujeres patriotas de Lima , entre las cuales figuraba la guayaquileña Rosa Campuzano , las que jugaron un rol de primera línea , explicando y entusiasmando a la población a firmar por la libertad .
Un pueblo que nunca había sido consultado sobre su destino , veía quizás uno de los primeros plebiscitos democráticos de América . Fueron cerca de 3700 firmas las que se adhirieron , y sobre este consenso , el Protector José de San Martín declaró la Libertad del Perú , el 28 de julio de 1821 .
Sensible a estas opiniones , se fueron elaborando los decretos que emitió el Protector . Comprendían claramente que la gesta de la independencia , no se podía reducir solamente a las victorias militares . Había que construir una sociedad nueva .
Las mismas cofradías espirituales que iluminaron el horizonte político de la revolución francesa , inspiraban la idea de que todo esclavo que pisara el Perú , solo por este hecho , sería libre .
246