2026.05.21 (v1) INFORME COMPLETO - UNIZAR Y DDHH | Page 8

Es evidente que este crimen de lesa humanidad tiene muchos cómplices y beneficiarios. El sistema capitalista y el modo de vida imperial determinan unas relaciones de poder compartidas por gobiernos y terminales administrativas del Norte. Este imperialismo endémico de Occidente ha causado y sigue causando conflictos territoriales, desequilibrios geopolíticos y, por supuesto, una desigualdad global que solo se puede negar desde la hipocresía y el racismo. Como si los destinos de los que habitan las geografías del Sur global no estuvieran determinados por el tráfico de seres humanos, la apología de la esclavitud, el robo de los recursos y la dominación de los pueblos, procesos acompañados por el uso sistemático de la coacción y la violencia contra cualquier resistencia que desafíe la arrogancia de los supuestos portadores del progreso.
La versión actualizada del colonialismo sigue causando un enorme sufrimiento a millones de seres humanos. No nos encontramos ante un cambio de modelo sino ante su cruel aceleración: el capitalismo— que es depredador, extractivista, expansivo y biocida por definición— lleva siglos exhibiendo un supremacismo libre de escrúpulos. Preguntemos por sus avances en la“ fabricación algorítmica de objetivos” y la automatización del exterminio a esas grandes tecnológicas que se asoman a Unizar.
En un muy breve paréntesis histórico, tras décadas de atrocidades acumuladas y mientras un proyecto político alternativo amenazaba el orden pacífico de“ Occidente”, toda una arquitectura institucional llena de organismos mediadores, protocolos de obligado cumplimiento y hasta una emocionante Carta de Derechos Humanos pareció dedicada a redimir nuestras culpas o, al menos, prometer que nunca más volveríamos a caer en el horror. Pero la promesa era un mero espejismo. En 1948, en pleno desarrollo de la doctrina Truman, George Kennan— entonces funcionario del Departamento de Estado— predijo que los Estados Unidos iban a ser « objeto de envidia y resentimiento » dada su enorme riqueza, y que « la tarea real » consistía en diseñar una estrategia para mantener su hegemonía por encima de todo, prescindiendo « de sentimentalismos y fantasías », de « objetivos vagos y poco realistas como los derechos humanos, la mejora de los niveles de vida y la democratización » 6. La tinta de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aún no estaba seca cuando el imperio comenzaba a prepararse para abatir cualquier desviación. Y así ha seguido ocurriendo: invasión de territorios, saqueo de recursos, descabezamiento de gobiernos, aplastamiento de disidencias, imposición de reglas y esparcimiento del aroma pestilente del imperio por tierra, mar y aire.
En la sala de mandos, la plutocracia imperialista habita un ecosistema empresarial consagrado a la patria del lucro. Dueña de gobiernos e instituciones y armada de poderes mediáticos se oculta tras un escudo dogmático: el comercio, el empleo, el beneficio, la creación de riqueza y el progreso son el maquillaje de la impunidad. Cuando arrecian las críticas desde los márgenes, es esencial anestesiar a la opinión pública, amedrentar a la prensa o criminalizar a quienes actúan, al tiempo que se ondean los valores democráticos y el compromiso con los derechos humanos.
La sociedad civil tiene la obligación de nombrar a los implicados. Por eso el citado informe de la Relatora de NNUU es crucial para comprender cómo funciona la“ maquinaria empresarial” y desenmascarar su trama.
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J. Fontana( 2017). El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. Crítica, pp. 261-262.
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