dos generaciones
dos generaciones
Los desamparados
Por: Brígida Rivas
Es una mañana templada del mes de
marzo. Adelina espera en la parada
del autobús de la línea 21 que hace
el recorrido a las playas del norte de
la provincia. Es domingo y las calles
están casi vacías. La parada solitaria
infunde una sensación de calma, unas
palomas corretean y dan revuelos cortos persiguiéndose, arrullándose. Son
palomas de ciudad, casi civilizadas,
a c o st u m b ra das a comer
en la mano de
los niños que
frecuentan los
parques. Se las
nota bien nutridas y picotean indiferentes el suelo sin
intención de
comer nada.
Adelina saca
de su bolso
un
pequeño
paquete con
arroz y rocía
unos granos
delante
de
ella, para que
se acerquen,
pero las palomas han esquivado aquella lluvia casi
molestas y se han alejado más. Con
las palomas se encuentra a gusto, las
mira y les trasmite su afecto en silencio. Un silencio que ya dura sesenta
años, desde su nacimiento. Tiene la
cara muy arrugada y en ella brillan
unos bellos ojos escrutadores, su
atuendo es sencillo, con esa sencillez
que denota un ropero compuesto por
prendas recicladas.
Su mirada manifiesta ternura. Adora a
los niños y los observa en los parques,
y quisiera hablarles, arrullarles y con-
17
testar a sus ingenuas preguntas, pero
esas satisfacciones le están vedadas.
A veces les sonríe dulcemente mientras un nudo le atenaza la garganta
y acaba humedeciendo sus ojos. Ellos no comprenden, le tiran de la
falda impacientes y pronto se alejan.
¿Cómo explicarles? Por eso con las
palomas se siente más a gusto.
El reloj del Mercado ha dado las doce
y Adelina mira escrutadora a derecha e izquierda. Sus cansados ojos
azules, buscan en las confluencias de
las calles contiguas. Pasan lentos los
minutos, ahora una señora con dos
niñas también espera el autobús.
Pero no, ella no espera el autobús.
Por la calle que desemboca frente a
su izquierda ha aparecido un hombre
de edad indeterminada, cubierto con
un raído abrigo varias tallas mayores
de la suya y una gran bufanda, que
probablemente alguna vez fue blanca,
arrollada al cuello, desentonando con
la radiante mañana de primavera. Es
alto y delgado, de facciones nobles y
sus ojos tienen una dulce expresión.
Lleva un pantalón marrón y los zapatos, negros, limpios, de un finísimo
cuero bajo el que se marcan los dedos
de los pies y en un lateral se advierte
una intencionada abertura por la que
escapa el juanete.
Instintivamente
Adelina ha estirado su vestido de lana
fina, donativo
de Cáritas, y
ha recolocado
las horquillas
del moño que
recoge sus canas. El autobús
ha arrancado
llevándose
a
las niñas y a la
abuela, mientras ella alisa
co n c i e n z u d a mente las asas
de una bolsa de
plástico donde
se intuyen un
sin fin de paquetitos y una botella. Acomoda su
viejo bolso bajo el brazo, humedece
sus labios y echa a andar arrastrando
un poco sus pies, como si temiera
perder alguno de sus relucientes y
holgados zapatos.
La parada del autobús ha quedado desierta.
La anciana se dirige al semáforo y espera atenta el cambio de luces. En el
lado opuesto está el individuo de la
gran bufanda dispuesto a cruzar la calzada.
Con una mano hace visera a sus cansados ojos mientras la otra aferra un
usado bastón con el que, precavido
tantea el bordillo de la acera. Cambian
las luces pero Venancio sigue inmóvil
unos momentos, luego se dispone a
pasar y Adelina, solícita sale a medio
camino. Le tiende las manos en un
gesto protector y lo conduce entre el
tráfico. Ya en la acera, él la rodea por
los hombros atrayéndola y deposita un
beso en su mejilla. Se detienen un momento buscando la orientación de sus
pasos. Pronto caminan decididos hasta
el cercano parque y se instalan en un
soleado banco donde Adelina deposita
la bolsa de plástico y Venancio limpia
con la mano el polvo que lo cubre.
Se acomodan y Adelina extrae de su
bolsa un envoltorio de donde cuidadosamente va sacando paquetitos
que dispone sobre un improvisado
mantel de papel rosado. También ha
puesto sobre el banco una botella de
vino en la que queda un tercio de su
contenido. La atención de Venancio
se cierne sobre la mejor colocación
posible del abrigo que se ha quitado y
recoloca el cinturón de piel, bastante
ajado, sobre sus pantalones de raya
impecable pero demasiado holgados.
La anciana hace volver la cara a su amigo tocándole en el brazo y le señala el
jamón cocido, la mortadela, el queso,
las rodajas de chorizo y todo lo que ha
ido saliendo de los envoltorios. Él la
mira inquisitivo al tiempo que ella señala con un gesto de orgullo las viandas
dispuestas sobre el improvisado mantel. Con aprobación, el hombre recrea
todo el conjunto con ojos risueños, que
luego vuelve a ella, y su mano se posa
sobre la blanca cabellera en un gesto
cargado de ternura. Los ojos de la mujer se iluminan expresando todo lo que
su corazón siente, y con una triste sonrisa se acerca, coge su mano y hunde
su cara en el hueco de su brazo. El anciano la retiene, risueño, un momento, y
como si fuera una niña, la sienta dulcemente en el banco y pone en su mano
un vaso de cartón que ella rehúsa. Sentados comen en silencio. Adelina come
poco, su mirada no se aparta del ami-
go y le va preparando sobre el pan, las
láminas de jamón, las rodajas de chorizo, vuelve a llenar el vaso, que él solo
bebe, y limpia solícita unas migas que
han caído en su pantalón alargándole
una servilleta de papel, que él coge
agradecido. Suenan lánguidas las campanadas de un reloj. Venancio señala
al sol con un gesto. Ella comprende y
se levanta presurosa. Sobre el banco
ya no hay nada comestible y Adelina
recoge ordena [Y[?H???\?Y[??]YH?[????H??[H?X??XK?H\?\?\?HH?\?[?[?H\[\?K??Y[?B???\???[??[??\??\??ZYK??[??\??XHH[??]?[?HH[?H?[??X?\?p???[[??X[????[?\??YY[?[??[?HX[????[\H[??]]??\?[?X\?]YH?H[?X?\??Y?]?p?Y\??\?ZY?\?]YH[??p?Y?[?[??Y[????H?Y[?H?Y?Z?Y?[?\]Y[\???[?Y\?]?X?[\?]YH?Y[?[?]?p?Y\??[?[?Y?X?[?]YH\?\?[??X?X?\??H[Y?[?[[X?Y[?H[???[??[?\??\?p?\???[?X\??[??H?Y[?Y??[?\?HH??YY[?]YH???Z?[??H???\??[?Xp?X[?H?Y?ZY[??H^HB?H?\\??]?[??XK?0?T]Zp?[?YY\?H?]?\???[????Y[??XK?[??[?\???Y??]YB??p?X[[??[?\??X?\?\????\?]YB???[?[??[?[Y???\?[?]YHY??B?HX\?[?H[???[??XHH\]Y[?????]YH?][?H\]Y[H?\??[?H]YB???[HHH\]Y[??^???]YH[]HB?Y[[?H?H?Y[?HH?HY??[?\??Y\??H?\??]?[X?[?\?[?X??HH]?YB????H??K\?[??[??^?????H?\??X????HY[[?H?X?[?HH?X?^?H[???HX??H?Y\??H?????[?[??\??H???XY?X?[???0?????[?[?X?X\??H\?YYO?0?????[?X?[??\?HB??\?ZYY??H?H\??X?H?[[??[???X?B?]YH\?0?H[??Y?YHH?H??[?Y\?°?[[XH?HX?\?Y?K[?[???]^B?[?[???H?H[??[ZY[??X?\????[?Y[?[X?p?[??\?ZYY????X[??[?]X??XH?[??YH???\]?]Zp?[??ZX\??H?\?\????0??]Zp?[????Y\??H??X?\?\?[???Y[?HH?Y]??[?[?H?[?[??[????\?[Y??[HH?H[??[Z\?X[ZY[??????H?HX??Y???ZYY??[Y[?B??Y????H[??^????\??]H[??\?]???\?????HH??[?B?HY[[?K]YHX??H?\?[Z[??????????\?[?Y[??]YHHY?Y?[??[?[H\]Y[H???YK?p?????\??[???HH\?HH[???]??XH\?0?B?[?\??\?H[HX???H?[?[^?Y?[?0?XK????\??HH?H\?[??Z?Y??X\?X???HYYX[?[Y[?H?[?Y??\\?X?[?[??H[?[X\?[?[?]YH?H?\??N?[?H?[XH?[??X?X?\?B??X?Y\?H??[?H???H??XYK???[\?H[?XK[?HY\?H]YH??XHB??N??