2 Generaciones Onceava Edicion | Page 18

dos generaciones dos generaciones Los desamparados Por: Brígida Rivas Es una mañana templada del mes de marzo. Adelina espera en la parada del autobús de la línea 21 que hace el recorrido a las playas del norte de la provincia. Es domingo y las calles están casi vacías. La parada solitaria infunde una sensación de calma, unas palomas corretean y dan revuelos cortos persiguiéndose, arrullándose. Son palomas de ciudad, casi civilizadas, a c o st u m b ra das a comer en la mano de los niños que frecuentan los parques. Se las nota bien nutridas y picotean indiferentes el suelo sin intención de comer nada. Adelina saca de su bolso un pequeño paquete con arroz y rocía unos granos delante de ella, para que se acerquen, pero las palomas han esquivado aquella lluvia casi molestas y se han alejado más. Con las palomas se encuentra a gusto, las mira y les trasmite su afecto en silencio. Un silencio que ya dura sesenta años, desde su nacimiento. Tiene la cara muy arrugada y en ella brillan unos bellos ojos escrutadores, su atuendo es sencillo, con esa sencillez que denota un ropero compuesto por prendas recicladas. Su mirada manifiesta ternura. Adora a los niños y los observa en los parques, y quisiera hablarles, arrullarles y con- 17 testar a sus ingenuas preguntas, pero esas satisfacciones le están vedadas. A veces les sonríe dulcemente mientras un nudo le atenaza la garganta y acaba humedeciendo sus ojos. Ellos no comprenden, le tiran de la falda impacientes y pronto se alejan. ¿Cómo explicarles? Por eso con las palomas se siente más a gusto. El reloj del Mercado ha dado las doce y Adelina mira escrutadora a derecha e izquierda. Sus cansados ojos azules, buscan en las confluencias de las calles contiguas. Pasan lentos los minutos, ahora una señora con dos niñas también espera el autobús. Pero no, ella no espera el autobús. Por la calle que desemboca frente a su izquierda ha aparecido un hombre de edad indeterminada, cubierto con un raído abrigo varias tallas mayores de la suya y una gran bufanda, que probablemente alguna vez fue blanca, arrollada al cuello, desentonando con la radiante mañana de primavera. Es alto y delgado, de facciones nobles y sus ojos tienen una dulce expresión. Lleva un pantalón marrón y los zapatos, negros, limpios, de un finísimo cuero bajo el que se marcan los dedos de los pies y en un lateral se advierte una intencionada abertura por la que escapa el juanete. Instintivamente Adelina ha estirado su vestido de lana fina, donativo de Cáritas, y ha recolocado las horquillas del moño que recoge sus canas. El autobús ha arrancado llevándose a las niñas y a la abuela, mientras ella alisa co n c i e n z u d a mente las asas de una bolsa de plástico donde se intuyen un sin fin de paquetitos y una botella. Acomoda su viejo bolso bajo el brazo, humedece sus labios y echa a andar arrastrando un poco sus pies, como si temiera perder alguno de sus relucientes y holgados zapatos. La parada del autobús ha quedado desierta. La anciana se dirige al semáforo y espera atenta el cambio de luces. En el lado opuesto está el individuo de la gran bufanda dispuesto a cruzar la calzada. Con una mano hace visera a sus cansados ojos mientras la otra aferra un usado bastón con el que, precavido tantea el bordillo de la acera. Cambian las luces pero Venancio sigue inmóvil unos momentos, luego se dispone a pasar y Adelina, solícita sale a medio camino. Le tiende las manos en un gesto protector y lo conduce entre el tráfico. Ya en la acera, él la rodea por los hombros atrayéndola y deposita un beso en su mejilla. Se detienen un momento buscando la orientación de sus pasos. Pronto caminan decididos hasta el cercano parque y se instalan en un soleado banco donde Adelina deposita la bolsa de plástico y Venancio limpia con la mano el polvo que lo cubre. Se acomodan y Adelina extrae de su bolsa un envoltorio de donde cuidadosamente va sacando paquetitos que dispone sobre un improvisado mantel de papel rosado. También ha puesto sobre el banco una botella de vino en la que queda un tercio de su contenido. La atención de Venancio se cierne sobre la mejor colocación posible del abrigo que se ha quitado y recoloca el cinturón de piel, bastante ajado, sobre sus pantalones de raya impecable pero demasiado holgados. La anciana hace volver la cara a su amigo tocándole en el brazo y le señala el jamón cocido, la mortadela, el queso, las rodajas de chorizo y todo lo que ha ido saliendo de los envoltorios. Él la mira inquisitivo al tiempo que ella señala con un gesto de orgullo las viandas dispuestas sobre el improvisado mantel. Con aprobación, el hombre recrea todo el conjunto con ojos risueños, que luego vuelve a ella, y su mano se posa sobre la blanca cabellera en un gesto cargado de ternura. Los ojos de la mujer se iluminan expresando todo lo que su corazón siente, y con una triste sonrisa se acerca, coge su mano y hunde su cara en el hueco de su brazo. El anciano la retiene, risueño, un momento, y como si fuera una niña, la sienta dulcemente en el banco y pone en su mano un vaso de cartón que ella rehúsa. Sentados comen en silencio. Adelina come poco, su mirada no se aparta del ami- go y le va preparando sobre el pan, las láminas de jamón, las rodajas de chorizo, vuelve a llenar el vaso, que él solo bebe, y limpia solícita unas migas que han caído en su pantalón alargándole una servilleta de papel, que él coge agradecido. Suenan lánguidas las campanadas de un reloj. Venancio señala al sol con un gesto. Ella comprende y se levanta presurosa. Sobre el banco ya no hay nada comestible y Adelina recoge ordena [Y[?H???\?Y[??]YH?[????H??[H?X??XK?H\?\?\?HH?\?[?[?H\[\?K??Y[?B???\???[??[??\??\??ZYK??[??\??XHH[??]?[?HH[?H?[??X?\?p???[[??X[????[?\??YY[?[??[?HX[????[\H[??]]??\?[?X\?]YH?H[?X?\??Y?]?p?Y\??\?ZY?\?]YH[??p?Y?[?[??Y[????H?Y[?H?Y?Z?Y?[?\]Y[\???[?Y\?]?X?[\?]YH?Y[?[?]?p?Y\??[?[?Y?X?[?]YH\?\?[??X?X?\??H[Y?[?[[X?Y[?H[???[??[?\??\?p?\???[?X\??[??H?Y[?Y??[?\?HH??YY[?]YH???Z?[??H???\??[?Xp?X[?H?Y?ZY[??H^HB?H?\\??]?[??XK?0?T]Zp?[?YY\?H?]?\???[????Y[??XK?[??[?\???Y??]YB??p?X[[??[?\??X?\?\????\?]YB???[?[??[?[Y???\?[?]YHY??B?HX\?[?H[???[??XHH\]Y[?????]YH?][?H\]Y[H?\??[?H]YB???[HHH\]Y[??^???]YH[]HB?Y[[?H?H?Y[?HH?HY??[?\??Y\??H?\??]?[X?[?\?[?X??HH]?YB????H??K\?[??[??^?????H?\??X????HY[[?H?X?[?HH?X?^?H[???HX??H?Y\??H?????[?[??\??H???XY?X?[???0?????[?[?X?X\??H\?YYO?0?????[?X?[??\?HB??\?ZYY??H?H\??X?H?[[??[???X?B?]YH\?0?H[??Y?YHH?H??[?Y \?°?[[XH?HX?\?Y ?K[?[???]^B?[?[???H?H[??[ZY[??X?\????[?Y[?[X?p?[??\?ZYY????X[??[?]X??XH?[??YH???\]?]Zp?[??ZX\??H?\?\????0??]Zp?[????Y\??H??X?\?\?[???Y[?HH?Y]??[?[?H?[?[??[????\?[Y??[HH?H[??[Z\?X[ZY[??????H?HX??Y???ZYY??[Y[?B??Y????H[??^????\??]H[??\?]???\?????HH??[?B?HY[[?K]YHX??H?\?[Z[??????????\?[?Y[??]YHHY?Y?[??[?[H\]Y[H???YK?p?????\??[???HH\?HH[???]??XH\?0?B?[?\??\?H[HX???H?[?[^?Y?[?0?XK????\??HH?H\?[??Z?Y??X\?X???HYYX[?[Y[?H?[?Y??\\?X?[?[??H[?[X\?[?[?]YH?H?\??N?[?H?[XH?[??X?X?\?B??X?Y\?H??[?H???H??XYK???[\?H[?XK[?HY\?H]YH??XHB??N??