dos generaciones
dos generaciones
EL PODER Y EL DINERO
Por: Javier Hoyuela C.
Desde el principio de nuestra historia, se ha registrado el hecho de que
los hombres luchan por controlar a
otros hombres y erigirse como amos
y señores sobre aquéllos a quienes
han hecho vasallos, diciéndoles qué
deben hacer, pensar y hasta sentir.
Creen que su brutalidad y fuerza les
da el derecho a establecer sus deseos
como reglas, para satisfacer sus necesidades.
Desde los fenicios
hasta nuestros días
este sistema se ha
aceptado
como
algo normal, pocas
personas lo cuestionan, al grado de
que los mexicanos
seguimos llamando conquista a la
invasión que, de
manera irracional
y hostil, hicieron
los españoles, con
lujo de ignorancia
y violencia (hasta
ahora nos estamos
dando cuenta que
las civilizaciones
“DESCUBIERTAS” estaban más adelantadas, ó al mismo nivel, que la de
los europeos), destruyendo todo a su
paso, debido a que no entendían lo
que tenían enfrente, ya que siempre
juzgamos en base a nuestros parámetros; pensaron que andaban muy
desnudos por ignorancia y no observaron que usaban poca ropa, muy
bella y bien manufacturada, porque
nuestros climas eran muy benignos,
(temperaturas promedio de 18°C con
variaciones de 3°C hacia arriba ó hacia
abajo, y con humedad de 60 a 70 %),
Esto aunado a los atavismos provocados por el fanatismo religioso, calificando de impudicia y falta de recato
17
el modo de vestir de los nativos, sin
advertir la falta de morbo en nuestros
ancestros, ya que para ellos el cuerpo
era un instrumento (ó vehículo) para
manifestarse y actuar en el plano que
nos movemos, y no era objeto de
vergüenza.
En nuestro tiempo la cosa no ha cambiado, sólo que los sistemas de avasallamiento son diferentes; los medios de comunicación son los ejércitos
que hacen, “sin violencia”, el trabajo
sucio, ya que al recibir en nuestras
casas la señal, regularmente no cuestionamos lo que estamos viendo, y no
sólo lo recibimos con gusto, sino que
hasta pagamos por recibir la señal,
y tratamos de imitar lo que vemos,
pues nos hacen creer que lo que
vemos, leemos o escuchamos en los
medios de comunicación está bien.
Un ejemplo sencillo de ésto, es la forma de vestir de las masas; usamos la
ropa que era de uso exclusivo de los
escenarios, en las calles, el buen gusto
se está acabando y mientras más estrambótico es el atuendo más lo celebramos, y si la persona es famosa y/o
adinerada, se convierte en ejemplo a
seguir y buscamos parecernos a ese
personaje.
Por lo anterior, quiero invitarlos a pensar detenidamente en lo que hacemos,
en lo que deseamos y las consecuencias que esto nos trae: insatisfacción y
angustia, por no ser o no tener lo que
nos dicen (de manera sutil e indirecta) que debemos ser, hacer y tener.
¿Cuántas veces hemos hecho cosas
que no deberíamos haber hecho, sólo
para ser aceptados por el grupo social al que pertenecemos ó queremos
pertenecer? Y muchas veces, al paso
del tiempo, nos arrepentimos de lo
que hicimos.
Debido a lo anterior, no nos damos
cuenta de que quién tiene el poder es
el pueblo, actuamos de forma individual, no hemos
podido recuperar
la sensación de
unidad, (al sistema
no le conviene que
lo hagamos, pues
dejaríamos
de
ser controlados);
somos un te