2 Generaciones Número 13 | Page 18

dos generaciones dos generaciones EL PODER Y EL DINERO Por: Javier Hoyuela C. Desde el principio de nuestra historia, se ha registrado el hecho de que los hombres luchan por controlar a otros hombres y erigirse como amos y señores sobre aquéllos a quienes han hecho vasallos, diciéndoles qué deben hacer, pensar y hasta sentir. Creen que su brutalidad y fuerza les da el derecho a establecer sus deseos como reglas, para satisfacer sus necesidades. Desde los fenicios hasta nuestros días este sistema se ha aceptado como algo normal, pocas personas lo cuestionan, al grado de que los mexicanos seguimos llamando conquista a la invasión que, de manera irracional y hostil, hicieron los españoles, con lujo de ignorancia y violencia (hasta ahora nos estamos dando cuenta que las civilizaciones “DESCUBIERTAS” estaban más adelantadas, ó al mismo nivel, que la de los europeos), destruyendo todo a su paso, debido a que no entendían lo que tenían enfrente, ya que siempre juzgamos en base a nuestros parámetros; pensaron que andaban muy desnudos por ignorancia y no observaron que usaban poca ropa, muy bella y bien manufacturada, porque nuestros climas eran muy benignos, (temperaturas promedio de 18°C con variaciones de 3°C hacia arriba ó hacia abajo, y con humedad de 60 a 70 %), Esto aunado a los atavismos provocados por el fanatismo religioso, calificando de impudicia y falta de recato 17 el modo de vestir de los nativos, sin advertir la falta de morbo en nuestros ancestros, ya que para ellos el cuerpo era un instrumento (ó vehículo) para manifestarse y actuar en el plano que nos movemos, y no era objeto de vergüenza. En nuestro tiempo la cosa no ha cambiado, sólo que los sistemas de avasallamiento son diferentes; los medios de comunicación son los ejércitos que hacen, “sin violencia”, el trabajo sucio, ya que al recibir en nuestras casas la señal, regularmente no cuestionamos lo que estamos viendo, y no sólo lo recibimos con gusto, sino que hasta pagamos por recibir la señal, y tratamos de imitar lo que vemos, pues nos hacen creer que lo que vemos, leemos o escuchamos en los medios de comunicación está bien. Un ejemplo sencillo de ésto, es la forma de vestir de las masas; usamos la ropa que era de uso exclusivo de los escenarios, en las calles, el buen gusto se está acabando y mientras más estrambótico es el atuendo más lo celebramos, y si la persona es famosa y/o adinerada, se convierte en ejemplo a seguir y buscamos parecernos a ese personaje. Por lo anterior, quiero invitarlos a pensar detenidamente en lo que hacemos, en lo que deseamos y las consecuencias que esto nos trae: insatisfacción y angustia, por no ser o no tener lo que nos dicen (de manera sutil e indirecta) que debemos ser, hacer y tener. ¿Cuántas veces hemos hecho cosas que no deberíamos haber hecho, sólo para ser aceptados por el grupo social al que pertenecemos ó queremos pertenecer? Y muchas veces, al paso del tiempo, nos arrepentimos de lo que hicimos. Debido a lo anterior, no nos damos cuenta de que quién tiene el poder es el pueblo, actuamos de forma individual, no hemos podido recuperar la sensación de unidad, (al sistema no le conviene que lo hagamos, pues dejaríamos de ser controlados); somos un te