09 En la Ruta del Titiritero | Page 66

La segunda Guerra Mundial

La Guerra estallo en 1939. Los corazones se nos helaban al oír y leer en los diarios cosas espantosas. Era tremendo oír: Hitler entró en … Hitler mató a miles de judíos … Hitler entró a París, miles de gentes mueren perseguidos … yo no estaba ajeno a eso, aunque soy un muñeco. Mi corazón, apretado en el puño de Loló se me adoloría más y más. Pero mes escribieron otra obra COMINO VA A LA GUERRA y como siempre corrí eufórico de un lugar a otro, envalentonado con saber que iba a la guerra y peleaba, con mi fusil de madera y con mis gritos, y recordando a los primeros pilotos mexicanos, los del Escuadrón 201 que fueron a la guerra, así es como estaba siempre en el preciso momento, en el lugar y siempre muy mexicano.
Así, con todo y todo, ese año dejé de trabajar, pues Loló se enfermó y estuvo muy, muy grave, una enfermedad del corazón la tuvo encerrada casi durante todo ese año. M e dejó solito en Bellas Artes, pues no dejé que nadie e cogiera, ni trabajé con nadie, mi personalidad ya no ameritaba ni otra voz, ni otra actitud, ni otro carácter, esperé y esperé.
El día en que Loló regresó, flaca, ojerosa y debil a subirme por sobre su cabeza y a platicar con las gentes, me sentí feliz, otra vez fui el Comino batallador y alegre, la sonrisa volvió a mis labios.

En los Ejidos

Muchas veces visitamos los ejidos. Trabajábamos de noche, ya que todos los campesinos regresaban del campo a esa hora, pero mientras, entre los surcos húmedos, a los animadores les regalaban cubetotas llenas de tunas, dulces y jugosas. Después en el salón de reuniones platicaba con ellos y también reían y aplaudían con sus manos callosas y negras por el trabajo. A los animadores los invitaban a cenar alumbrados con sus lámparas de petróleo, afuera el viento y la lluvia azotaban el camión donde dentro de mi caja, estaba acurrucadito y oyendo la tormenta. No descansaba hasta que llegaba a mi lugar, el Teatro de Bellas Artes, ahí en el salón oscuro y en mi rincón saboreaba el descanso y hasta el otro día

La Primera Exposición de Muñecos

Una vez me pusieron en un pedestal muy alto, y ahí me quedé quietecito observando, pensando, viendo …
No solamente estaba yo, había otros mucho muñecos clavados en su estaca entre ellos todos mis compañeros y mi abuelita, desde mi lugar conocí a Celestino Gorostiza él era el jefe y él inauguró nuestra exposición. También estaba Armando de Maria y Campos con su risa falsa de payo. Por ahí desfilaron para vernos muchas gentes conocidas como Luis Sandi, Julio Castellanos, etc. También contemplaba desde mi lugar las pinturas de Siqueiros y de Diego Rivera, a veces nos bajaban
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