06 En la Ruta del Titiritero enero-marzo 2015 | Page 55
Joan Baixas, pintor y marionetista barcelonés de Teatre de la Claca,
escribió a todos los artistas y maestros que se dedican a esta
fascinante empresa:
No podemos olvidar el dolor, la realidad de las desgracias y
penurias que afligen al mundo, pero precisamente porque no
queremos olvidar, nos damos el compromiso de celebrar la
dignidad humana, el afán insaciable de los humanos de afirmar la
vida frente a la mala fortuna y la muerte. El arte es un canto a
esta dignidad, reúne en una marea continua a las generaciones
pasadas y futuras, las culturas y los clanes, en torno a la poesía. El
arte establece la complicidad de las miradas entre las personas,
que se maravillan juntas, creador y espectador, en la exploración
de lo desconocido. Todo acto artístico es un grano de arena en el
engranaje de la realidad. El arte de la marioneta se dirige a estos
objetivos a buen paso. Cada vez que animamos un personaje,
firmamos una declaración de independencia.
III.
Alberto Palmero ha conseguido unificar a su familia bajo el mismo
sello de pasión. Maritza Llorente, la esposa, es una extraordinaria
mujer apasionada por la creación. Cuando se le entregó un Premio
especial al Mtro. Palmero por vida y trayectoria durante la celebración
del reciente Festival de Títeres de Matanzas, con el Grupo “Teatro de
las Estaciones” como anfitrión (organizado por Rubén Salazar y el
diseñador Zenén Calero), el presidente de UNIMA-Cuba dio primero
un ramo de rosas rojas a Maritza, diciendo a todos los invitados
nacionales e internacionales que junto a un gran hombre siempre hay
una gran mujer. Y que ella era tan merecedora del Premio como
Palmero. Efectivamente, la he visitado muchas veces y siempre se
encuentra cosiendo, pegando, eligiendo telas y materiales, creando
facturas, remendando y organizando dispositivos, muñecos y
vestuarios de obras. Maritza es incansable y siempre posee una
sonrisa, una palabra amable, una comidita rica, un café fuerte, un
dulce casero, un apapacho al alma, un abrazo fraterno y maternal, un
chiste, una sorpresa.
Alejandro Palmero, el hijo de ambos -junto a dos hermanas más,
afables y bien educados-, es brillante también. Como su esposa, la
creadora titiritera Silvia García, quien avala sus sueños y también
mueve la voluntad familiar hacia nuevas tareas. Los conocí durante el
primer Diplomado en el Arte del Títere en Huamantla. No sabía que
era el hijo del maestro, pero sí me percaté de la creatividad
extraordinaria, la bondad de alma y la entrega solidaria ante cualquier
eventualidad durante el trabajo docente y creador. Alejandro y Silvia
constituyen una pareja que piensa las veinticuatro horas en diseños y
teatro, en presentaciones y desfiles, en apoyar a Alberto en cada
ocurrencia genial, en cada empresa cultural por México. Con su hijo
Diego, acompañan a Maritza y a Alberto a funciones para niños que
sufren cáncer, a escuelas y centros educativos donde los títeres tienen
respeto y cabida, a municipios y calles, a salas teatrales y festivales
nacionales… Alejandro ha aprendido formas de trabajar nuevas
técnicas y máquinas sofisticadas para crear muñecos. Su penúltimo