06 En la Ruta del Titiritero enero-marzo 2015 | Page 40
“Teatro de títeres Pingüinico”
Tenía algunos títeres, construí uno que me faltaba para la historia con
la ayuda de mi abuela diciendo que era un trabajo para la escuela (
otra mentira ), preparé un modesto espectáculo con “gags” clásicas, de
un león que se escapa del zoológico, se come a varios personajes de la
obra, el ultimo que queda le pide consejo al duende del bosque, y este
le comenta que para matar al león hay que hacerle cosquillas y
termina junto con el público a tirarlo a la basura.
Llegó el día de la “verdad”, fuí a la casa, la señora me preguntó por el
titiritero pero yo le dije que tenía otra función pero que normalmente
yo lo cubría en estos pequeños eventos, creo que la señora cerro un
ojo y me dejó pasar, di la función y al final llegó otra señora
pidiéndome si tenía “tarjeta de presentación” le dije que no, porque
en la pasada función se me habían terminado todas.
Con este espectáculo seguí varios años hasta que me harte de los
títeres, mientras tanto conocí al Fernando Thiel, que me dio el primer
consejo de hacer mis propios títeres e inicié a hacer los primeros
intentos.
Pasaron ocho años para que retomara de nuevo los títeres haciendo
un taller para niños, donde me nació de nuevo la necesidad de seguir
con el consejo de Thiel.
Conocí a María Teresa en 1998 donde dos años después en Italia
fundamos la compañía “Brujerías de Papel” con la idea de hacer
espectáculos de marionetas, y aprender de autodidactas en este
mundo del teatro de figura.
Las primeras marionetas se movían con dificultad, se rompían
fácilmente y la escultura no era de lo mejor.
Esto nos motivó a buscar libros y maestros constructores que con más
experiencia nos daban consejos y líneas de trabajo a seguir, lo más
importante fue la experiencia de hacer algo ver que no funciona y
hacerlo de nuevo hasta que funcionara, que a partir de ahí se obtuvo
el conocimiento, con el cual seguiríamos haciendo esa parte especifica
de la marioneta. Además los experimentos los vendíamos en mercados
de artesanía y nos daba vía libre para hacer cosas nuevas.
Con este conocimiento a los años llegamos a un nivel donde podíamos
hacer más cercanas nuestras ideas a la hora de proyectar y seguir al
segundo paso que era la construcción. Nos dimos cuenta de que se
podría transmitir en talleres para principiantes, pero aprovechamos
para convertirlos en sesiones de experimentación donde al enseñar, al
mismo tiempo aprendíamos, al pedirle a los talleristas de hacer
proyectos propios con mecanismos o movimientos particulares que
con nuestra experiencia, libros y pruebas podíamos resolver el
problema y aprender algo novedoso y no quedarnos a hacer un taller
donde se hacían clones de una marioneta ya preestablecida, además
podían aprender del proceso creativo desde el diseño hasta la
manipulación.