Retrato de la pequeña Irène
El moulin de la Galette
logarlo. Puede ser interpretado como un cuadro que fue realizado antes de que Renoir se reinventara por lo que captura la visión de Renoir hacia su propio arte. Y al ser Renoir un artista de talla mundial, cada etapa de su vida es relevante y El almuerzo de los remeros es una representación muy buena del final de su etapa impresionista.
Renoir nos presenta otra obra suya titulada: El Moulin de la Galette.
La pintura fue realizada en 1876. Estamos hablando de un óleo sobre lienzo que actualmente puede ser encontrado en Museé d’Orsay, el cual se encuentra en París. Fue expuesto primeramente en la tercera exposición impresionista de 1877 y fue pintado, en su mayoría, en plein air en el famoso recinto de Montmartie en el jardín de la calle Cortot. Se cuenta que Renoir les pedía a sus amigos diariamente que lo ayudaran a mover la pintura hacia un espacio abierto. (Benedetti, Borgogeli, Lemaire, & Vescovo, 2000:208-216)
En esta parte de su vida, Renoir era “alegre” y lo representaba en sus pinturas: había mucho movimiento y muchas curvas. (Ortega, 1998: 186) Renoir se encontraba en su máximo punto como impresionista, lo podríamos denominar como una “racha” en sus obras. Todo lo que sucedía en ese momento en la vida de Renoir giraba alrededor del impresionismo. Tenía inspiración y el talento para crear obras majestuosas. (Arias y Rincón, 2000:59)
La creación de Renoir ha sido elogiada innumerables veces. Su ambiente fresco y alegre es una de las cosas más distintivas de este cuadro. La iluminación junto con las sombras son combinadas con el movimiento que también son sumadas a la lista de características que resaltan de la obra. “Un monumento a la vida Parisina” es como Georges Riviere calificaba a la obra de Renoir. (Benedetti, Borgogeli, Lemaire, & Vescovo, 2000:209-210)
Lo que hace a El Moulin de La Galette una obra importante para la historia del arte es que es una de las obras maestras de Renoir. Toda ella habla de movimiento, luz y color. Es una obra que fue realizada en la cúspide de la tan representativa etapa impresionista de Renoir por lo que toda energía, dedicación y talento quedan plasmados en la pintura. Es decir, fue antes de que buscará una renovación al comenzar a dudar del estilo que le dio fama. Era cuando en verdad amaba lo que hacía y ponía su alma en la creación de nuevas y hermosas escenas impresionistas; sin buscar algo más, él se encontraba bien es esos momentos. Para ser una obra que logre trascender se tiene que plasmar en ella aquel amor a lo que se hace y Renoir lo supo hacer espléndidamente.
El impresionista francés Pierre-Aguste Renoir ha sido la mente creadora de cientos de cuadros que son considerados como representativos del impresionismo. Uno de esos cuadros fue el retrato de Irène Cahen d'Anvers.
Renoir, en el salón de Madame Charpentier tuvo la oportunidad de conocer e interactuar con numerosos personajes, uno de ellos fue Lous Chaen d’Anvers, quien fue un banquero de origen judío. Renoir pintó para él un retrato de su hija mayor, al año siguiente realizó uno de sus hijas más pequeñas. El retrato de la pequeña Irène descansa ahora en la colección de E.G Bührle en Zurich, Suiza. (Benedetti, Borgogeli, Lemaire, & Vescovo, 2000:218-219)
Nos ubicamos en la época de la vida de Renoir en la que tuvo un inminente éxito dentro de los salones. A Renoir se le encargaron los retratos de las niñas y con la confianza que tenía en su pintura y por ende en sí mismo, sin mencionar su entusiasmo logró unos resultados maravillosos. El hecho que el retrato de Irène hubiera sido pintado en su propio patio le sirvió a Renoir como inspiración para el fondo del retrato.
Lo impresionante que debe ser destacado en el retrato de Irène es cómo Renoir utilizó los contrastes. La niña tiene una tez blanca la cual crea el perfecto contraste con su larga melena roja más el fondo de plantas verdes que hace contraste con la ropa clara que porta la niña. Renoir logra plasmar la inocencia de la niña en aquel cuadro y no está de más mencionar que la niña ya es bella, con ojos de color y un perfil precioso. La personalidad tímida que se dice poseía Irène queda también muy claro en el cuadro.
Sin lugar a dudas es un cuadro impresionante cuya belleza es capaz de dejar embelesado a cualquiera. Es importante para la historia del arte porque Renoir logra hacer una armoniosa combinación de una bella niña y colores que llaman la atención. El retrato de la pequeña Irène causa impacto a primera vista. También porque Renoir trataba de recuperar una forma más sólida así que, a su vez, es parte del camino de transición en los estilos que Renoir hará tiempo después.