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Aventura de mi adolescencia por María Ilda Godoy

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Mi madre trabajaba en una estancia en la que había muchas vacas para ordeñar. Una de mis tareas era ir a buscar a caballo los terneros y encerrarlos en el corral, para que no tomaran por las noches la leche de sus madres y así poder ordeñarlas a la mañana siguiente. Uno de los caballos que usábamos nosotros, para ir a buscar los terneros al campo, era muy bueno pero perezoso, lo habíamos bautizado "Fatiga".

Yo veia que los peones de la estancia usaban las espuelas para que los caballos fueran más rápido. Un dia me puse las espuelas, ensillé el caballo, lo monté

y fui a buscar los terneros al campo.

Caminaba lentamente, yo quería que fuera más rápido, entonces, le hinqué las espuelas y dio un fuerte relincho y se paró en sus patas traseras. Me agarré fuertemente de las crines, para que no me tirara, al pararse yo lo apretaba más con las espuelas. Finalmente levanté los pies y se calmó.

Cuando conté en casa lo que me había pasado todos se rieron, pero yo me pegué un gran susto y desde ese día nunca más quise usar espuelas.

Mi caballo de la adolescencia

Estancia similar a la que

vivía en aquellos tiempos

En búsqueda de los terneros