En la sociedad moderna se ha aumentado el consumo de plásticos significativamente, de hecho, durante la pandemia de COVID-19 su aumento fue tal que los sistemas de reciclaje colapsaron en algunos países, dando lugar a una problemática ambiental que consiste en la explotación de un recurso natural no renovable y problemas de disposición y tratamiento de residuos. No obstante, a lo largo de los años se han buscado diversas soluciones en contra de la contaminación de residuos plásticos, sin embargo, ¿cuáles han sido las propuestas planteadas para lograr un cambio radical en la gestión de plásticos? Pues, personas de todo el mundo han aportado su granito de arena al rechazar artículos plásticos desechables y comprometiéndose a mantener estilos de vida sostenibles, también, empresas han puesto de su parte invirtiendo en empaques hechos a partir de fuentes renovables y reciclables, entre otros.
Teniendo en cuenta que el depósito de los plásticos en los vertederos está siendo eliminado tanto por su reducida degradabilidad como por su descomposición que origina una fuerte producción de metano, se ha ideado una alternativa con la intención de iniciar una nueva propuesta de reciclaje, esta consiste en descomponer químicamente los desechos plásticos en una sustancia similar al diésel, así se ve beneficiado el medio ambiente y, en su defecto, el ser humano.
El proceso mencionado anteriormente es llamado Pirólisis, este consiste en la descomposición termoquímica de materia basada en carbono en ausencia de oxígeno; es decir, trata de recuperar la mayor parte de la energía de los desechos plásticos en forma de combustibles sostenibles u otros productos químicos valiosos como los aceites líquidos, gases y carbón. Pese a que este proceso se ha utilizado desde hace mucho tiempo atrás, (inicialmente se desarrolló en Japón en la década de los 80) fueron Linda Wang y sus colegas quienes centraron sus esfuerzos en reutilizar este plástico sin necesidad de afectar aún más al ecosistema.
Ahora, ¿cómo funciona este método que ha ido desarrollándose progresivamente? La clave está en calentar los plásticos a una temperatura alta. En primer lugar, aplican el polipropileno (polímero termoplástico) en un reactor lleno de agua y lo calientan durante 5 horas en temperaturas de un rango de 380°C a 500°C con una presión de 23 mega pascales. Después, gracias al efecto mutuo de la temperatura con la presión, el agua se encarga de descomponer al plástico y este es convertido en aceite.
En conclusión, en un futuro, si tenemos suerte, esta alternativa podrá tener un gran impacto en el proceso de gestión de plásticos, optimizando drástica y notablemente el proceso de conversión para producir combustibles de gasolina o Diesel de alta calidad, lo cual no solo beneficia a la causa del reciclaje, sino también logrará aportar a la reducción de la dependencia de combustibles fósiles.