En Colombia hemos dependido netamente de las energías no renovables, es decir de las energías sucias que tienen una capacidad de existencia y de agotamiento. Estas fuentes en un principio fueron abundantes, pero como nada en esta vida es eterno, ya empezó la declinación hacia la escasez de estos recursos. Y estoy hablando de energías en base a combustibles fósiles como lo son el petróleo, el cual se extrae debajo de nuestra superficie terrestre en el fondo, más específicamente en los intersticios que hay en la arenisca bajo nuestros pies. Al ser abundante y con un buen costo en el mercado internacional, Colombia exporta tan solo a los Estados Unidos de Norteamérica alrededor de 200000 barriles diariamente, produciendo en un día promedio cerca de 700000 barriles según informes del Ministerio de Minas y Energía, es por ello que nuestra nación cuenta con alrededor de 450 explotaciones petroleras en su territorio. Lo mismo ocurre con el gas y el carbón, a pesar de que el negocio de estos yacimientos mineros es realmente bueno y las cifras lo demuestran, Colombia debe realizar una transición a un modelo energético más sostenible que no afecte al entorno ambiental en que habita la población nacional.
El petróleo, también llamado oro negro, es un brillante negocio que ha abastecido nuestro capital de inversión nacional, sin embargo, desconocemos la otra cara de la moneda: el enorme impacto medioambiental en nuestro territorio nacional. Algunas de las consecuencias más notables que le ha dejado al planeta la extracción de petróleo, han sido por ejemplo, la perdida de la fertilidad de los suelos, es decir la perdida de sus nutrientes para garantizar la brotación de plantas en esas tierras; la extinción de microrganismos que garanticen la realización de ciclos biológicos en esas capas terreas, y los efectos derivados de la toxicidad que generan los vertidos sobre las capas bajas de la superficie; y podríamos dedicarnos a hablar enteramente de los peligros que pueden producir los verteros de petróleo, por lo cual nuestro planeta se ve en la obligación de la mudanza de trabajar en base a energías no renovables a renovables que no signifiquen un daño a la naturaleza.
Si bien las extracciones mineras son un componente clave en la economía nacional, por el bien común sanitario debemos buscar un modelo energético que de abasto a nuestras exigencias, y ya hemos encontrado varios que logran dar abasto a los gastos que ofrece nuestro país, por ejemplo, la energía hidroeléctrica que la podemos extraer en base a las represas de agua. Colombia, al tener un elevado número de cuerpos de agua, puede aprovechar la energía que cae desde una altura considerable en un generador energético compuesto de turbinas, ya se ha experimentado con este tipo de corriente eléctrica, por ejemplo, en nuestra región, en el rio Sogamoso se ha trabajado en base a este modelo, como se puede evidenciar en la siguiente imagen.