No es secreto que nuestra posible extinción está a la vuelta de la esquina si no hacemos un verdadero cambio por este planeta que tanto nos debe. Sin embargo, esto resulta muchas veces una fantasía, precisamente por la poca conciencia y avaricia que rodea al ser humano a la hora de hablar sobre el medio ambiente. La problemática empezó a hacerse visible en la década de los 80, principalmente en 1987, cuando se publicó el informe de Brundtald el cual criticaba fuertemente el daño medioambiental que causaban las grandes empresas por medio del desarrollo económico y la globalización. Este informe dio a conocer por primera vez el término de “Desarrollo sostenible” el cual plantea sustentar las necesidades básicas actuales sin comprometer el bienestar de las generaciones futuras, además de estrategias viables para construir una sociedad estable y con un constante progreso. Pero claramente esta innovación no es funcional solo con ideas, es necesario que la ciencia intervenga para generar una estructura y sistema el cual germine la sostenibilidad. El presente artículo propone analizar cómo las ciencias básicas pueden ser el motor esencial de este proyecto y si realmente puede ser posible un cambio.
En primer lugar, es necesario hablar un poco de cómo funciona el “Desarrollo sostenible” pues él nos habla de tres pilares fundamentales: Lo económico, social y ecológico, estos se complementan entre sí y cada uno aporta al otro. Por un lado, la parte económica alude al mejoramiento de la seguridad, la salud y la educación y cómo al contribuir en estas áreas se conduce a un estilo de vida prospero tanto para personas que cuentan con los medios necesarios como para las que pasan por necesidades. Por otro lo lado, la parte social se especializa en la estabilidad, los ingresos y el empleo, esta ofrece diversas oportunidades al focalizar el trabajo como exponente para el desarrollo de los hogares. El último factor se concentra en lo ecológico, y es el que cobra mayor protagonismo, debido a que la sostenibilidad alude a que el avance debe girar en torno al medio ambiente y a la naturaleza como parte de nuestras vidas, por ello mismo busca crear un pensamiento crítico enfocado en la ecología como centro de las cosas.
Estas propuestas resultan una total revolución al sistema que nos rodea, ya que proponen una serie de ideas que ayudarían al restablecimiento de un planeta tan dañado. Acá es donde las ciencias básicas como la matemática, la física, la química y la biología llegan como alternativa para la transformación, pues a lo largo de las últimas décadas hemos sido testigos del gran avance que han obtenido acompañadas de la tecnología, la cual, a su vez, ha logrado importantes aportes tanto en la sociedad como en nuestro diario vivir. Sin embargo, tenemos que este constante avance ha actuado como un arma de doble filo, llegando a afectar de una forma casi irreparable a la naturaleza y ecología. Según la OMS, en 2016 cerca de 249 mil muertes prematuras fueron causa de la contaminación del aire exterior y otras de 83 mil fueron debido al uso de combustibles sólidos en las viviendas. Además, los contaminantes climáticos como el carbono negro son poderosos forzadores del clima con posibles consecuencias negativas sobre el calentamiento global y su impacto en la salud. Estas cifras suben exponencialmente a lo largo de los años, con lo cual solo queda buscar una manera de contribuir a esta coyuntura. Una estrategia puede ser frenar el mal uso de las ciencias y junto al desarrollo sostenible crear un sistema donde se promulgue el cuidado a la naturaleza, donde se aporte a un mejor estilo de vida para la población por a través oportunidades y donde exista una prosperidad económica sin una desigualdad social tan marcada, para con ello poner en práctica los tres pilares del cambio.