Me desperté como cualquier día normal. Mi mamá me había mandado a comprar verduras. Salí a la calle con todas las precauciones necesarias. Mientras iba caminando, vi a un hombre sentado, sentía que lo había visto en algún lado, pero no me acordaba.
El hombre me preguntó si yo lo conocía, yo le dije que no, pero que sentía que lo había visto.
Me dijo que él era José de San Martín y que vino acá para dar su última lucha.
Al enterarme, le agradecí por todo lo que hizo, pero, ¿qué era eso de su última lucha?
-Vine aquí para ayudar a las personas que la están pasando por culpa de esa enfermedad, quiero donar lo que pueda y ayudar a reducir los contagios.
Más no sé si pueda, pocos sabrán reconocérmelo, siempre hay gente que niega sin saber – dijo.
Me sentí feliz por lo que quiso hacer. Al principio, no sabía cómo ayudarlo, ya que lo que decía era verdad, pero se me ocurrió algo, que luego pusimos en práctica. Fuimos hasta un lugar, una plaza, en donde había poca gente, ya que había cuarentena.
-Yo soy San Martín, gritó.
Se acercaron algunas personas, pocas le creyeron, notaron el parecido que tenían con las fotos que había en las escuelas, pero desconfiaron. San Martín, fue cuestionado pero la mayoría al final le creyó y le agradeció todo lo que hacía. Sin embargo, pocas personas siguen sin creerle.
San Martín les explicó que él dedicó su vida a luchar por su pueblo. Todos quedaron conmovidos.
Pasaron tres meses y gracias a su ayuda, se redujeron los contagios, la gente se cuidó más, etc.
Se encontró la cura a través de las vacunas, San Martín se despidió de su pueblo y feliz continúo su camino.
“La última lucha de San Martín”